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El niño que soñaba en convertirse en un “Stuka”

Mi abuelo Agustín es un sevillista nato, de los de cuna. Nacido en Martín de la Jara (un pueblecito a 100 km de la capital) y gran aficionado a este deporte, ha vivido épocas de luces y oscuridad a partes iguales con el conjunto hispalense. Pero cuando nos sentamos a hablar de fútbol, siempre se acuerda de los años de esplendor de su equipo. Unos años, en los que el Sevilla FC compitió con los más grandes por la hegemonía del fútbol en España.

La Guerra Civil española asoló todo a su paso, fue devastadora. Andalucía fue campo de batalla, al igual que muchos otros lugares del país, de numerosos combates y las grandes ciudades y pueblos de esta región, cambiaron su fisonomía y sus prioridades debido a esta situación. Pero cuando las bombas acabaron, el fútbol volvió a ponerse en marcha. La gente necesitaba una distracción que les hiciera olvidar por unas horas la miseria y el hambre, este deporte cumplió esa función social con nota.

En Sevilla, la escuadra rojiblanca de aquella temporada en la que se reanudaba la Liga (1939-1940), había conseguido encandilar a todo el país. En su fortín de Nervión no habían dejado escapar más que una derrota ante el Celta de Vigo en toda la temporada. Athletic Club, Atlético Aviación, Real Madrid, FC Barcelona, Valencia CF; todos habían hincado la rodilla ante los hispalenses, que luchaban y eran firmes candidatos al ansiado trofeo final.

Mi abuelo, con apenas 10 años, recuerda que en aquella época trabajaba en el campo, ayudando a su familia de sol a sol. La guerra le había arrebatado, literalmente, a su padre de las manos y el pequeño Agustín esperaba que quizá algún día, este, aparecería por la puerta y se sentaría con él a contarle historias pasadas de su equipo o batallas de la guerra. Por desgracia, aquello nunca sucedió.

En realidad, el domingo por la tarde, era el único momento de asueto de la semana, muchos, (hombres en su mayoría) se reunían alrededor de una vieja radio en el bar del pueblo a escuchar las noticias, música, radionovelas y también los resultados de sus equipos de fútbol. Cabe recordar que en aquella época no existían las retransmisiones deportivas, propiamente dichas. Por lo que la única información que recibían era la que les proporcionaba “El Parte” radiofónico nocturno, una “especie de informativo” gestionado y dirigido por el Régimen Franquista, que de manera escueta y antes de acabar, proporcionaba los resultados finales de los partidos. No era hasta la mañana siguiente, al llegar la prensa, cuando la información deportiva era algo más detallada. Por aquel entonces, los nombres de Guillamón, Joaquín, Fede, Campanal (ídolo sevillista, también de mi abuelo), Pepillo o Raimundo eran tan conocidos entonces como los Palop, Javi Navarro, Martí, Navas, Luis Fabiano o Kanouté lo son ahora. Aunque solo fuera de oídas, los niños/as sevillistas disfrutaban y soñaban con ser uno de ellos y llegar tan alto como ellos.

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La liga llegaba a su fin, 22 jornadas y 12 equipos únicamente en aquella complicada temporada 39-40. En la última jornada, los sevillistas dependían de sí mismos para conseguir el título, debían ganar en el campo del Hércules en Alicante y todo estaría hecho. Su único rival en la disputa del título liguero era el Atlético Aviación, que jugaba en casa frente al Valencia CF y que debía ganar y esperar al resultado en Alicante. Hay que decir que el Atlético, jugaba en Chamartín (estadio del Real Madrid) sus partidos como local, debido al mal estado de su estadio, el Metropolitano, a causa de los bombardeos y batallas que destrozaron el templo rojiblanco. No obstante, aquel último encuentro de liga lo disputarían en el Estadio de Vallecas, en detrimento de Chamartín. Finalmente, después de un duro partido y un dudoso arbitraje en Alicante (según cuentan algunas crónicas de la época) el Sevilla solo fue capaz de empatar su partido a 3, mientras que el Atleti, ganó con comodidad al Valencia por 2-0 en Vallecas, obteniendo así el título de liga final.

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Mi abuelo siempre me cuenta que aquella tarde de finales de abril, acabó desolado. No cenó y se pasó la noche dándole vueltas a la cabeza, pensando por qué motivo el gran Campanal, su ídolo, Raimundo o Pepillo no habían podido conseguir un gol más. Solo uno, con un tanto más, el título hubiera sido sevillista y él hubiera sido el niño más feliz del mundo. Pero desde hacía unos años, Agustín se había dado cuenta de que la vida era dura en todos los sentidos y que el fútbol, no iba a ser una excepción. No obstante, “Dios aprieta pero no ahoga”, ya que las penas de aquel año quedarían algo mitigadas gracias al triunfo en la final de Copa frente al Racing de Ferrol por 6-2. Título que al menos ayudaba a digerir mejor aquella derrota final en liga y demostraba a todo el mundo la calidad y la supremacía del equipo hispalense. De hecho, al final de aquella memorable temporada y tras convertirse en el equipo más goleador del país, la temible delantera sevillista empezó a ser conocida como la “Delantera Stuka” o “Los Stuka”. Su nombre venía dado por un bombardero alemán llamado “Sturzkampfflugzeuge”, abreviado “Stuka” (traducido era algo así como bombardero en picado) de enorme eficacia y devastadora potencia militar. De esta forma: López, Pepillo, Campanal, Raimundo y Berrocal (la lista varía dependiendo de quién la redacte) habían mostrado al mundo del fútbol  su calidad y su enorme capacidad goleadora, solo esperaban que sus logros no quedaran únicamente en lo conseguido aquella temporada. Y no sería así.

No obstante, tuvieron que pasar dos años para que el Sevilla FC volviera a verse en otra lucha por el título liguero. Fue la temporada 42-43, aunque esta vez, el Athletic Club conseguiría el título al final merecidamente, ya que estuvo desde la jornada 8 como líder y no cedió nunca su corona hasta el final de dicha temporada. Pero el equipo hispalense se sentía cómodo luchando por esos objetivos y tres años después en la 45-46 consiguió lo que tanto tiempo anduvo rozando con los dedos, el ansiado título de liga. Aquella, fue una temporada loca, en la que el FC Barcelona, el Athletic Club, el Valencia y hasta el Oviedo coparon la primera posición de la liga en algún momento del campeonato. Pero fue finalmente el Sevilla, quien a falta de dos jornadas se encaramó a lo más alto de la tabla y ganó sus dos últimos encuentros consiguiendo el título de liga y convirtiendo Nervión y sus aficionados en un hervidero de euforia desenfrenada. Todos los jugadores hispalenses fueron tratados como héroes aquella tarde. A Campanal (lesionado durante buena parte de la temporada), Joaquín o Félix, se les unieron grandes jugadores como Alconero, Campos, Araujo o un joven Juan Arza (considerado uno de los mejores de la historia del club), que consiguieron hacer un fútbol vistoso y efectivo y que según cuentan las crónicas de la época, encandilaron a todo el país.

Mi abuelo, un adolescente ya, aunque con las mismas responsabilidades que aquel niño que había sufrido con la dura derrota de su equipo en la última jornada, en 1940, estalló en un mar de lágrimas descontroladas al conocer el resultado final del encuentro. Por la cabeza de Agustín no paraban de pasar recuerdos de su padre, sevillista como él hasta la médula, que fue quién lo introdujo en este mundo loco del fútbol. También sus duras jornadas de trabajo esperando a que llegase el domingo para escuchar los resultados de los suyos por la radio, todos aquellos duros años, donde comer dos veces al día era un premio que muchos no conseguían, etc. Todo quedaba aparcado por un momento, gracias al éxtasis de júbilo que suponía aquella victoria. Eran campeones, los mejores del país y el joven Agustín lo sentía tan suyo como cualquier otro sevillista.

El conjunto rojiblanco viviría años de gloria durante aquella década y la siguiente. Pero aquel niño de 10 años, aún se pregunta hoy, con 85, por qué su ídolo Campanal no consiguió anotar un gol más aquella tarde en Alicante. Después de tantos años, creo que todavía piensa que quizá algún día ese gol pueda subir al marcador, aunque solo fuese en un sueño. Al pequeño Agustín le hubiera encantado haber podido jugar en aquel equipo, incluso haber marcado aquel ansiado gol del triunfo frente al Hércules. Y es que, este deporte tiene esas cosas, por muy complicada que tengas tu vida, por muy negro que lo veas todo, siempre consigue hacerte soñar y evadirte del mundo, aunque solo sea un ratito.

Manel Torrejón Perea (@manelcandeu)

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Sarre: la estrella fugaz a la que Francia y Alemania no dejaron brillar

El escritor alemán Thomas Mann decía que: “La guerra es la salida cobarde a los problemas de la paz.” Seguramente tenía razón.  Una guerra le cambia la vida a una persona, sobretodo cuando los intereses que se defienden, simulan ser los del colectivo, pero al final son solo los de unos pocos.

Eso precisamente han debido pensar toda la vida los habitantes del Sarre (Saarland), un pequeño territorio situado en la frontera entre Alemania, Francia y Luxemburgo. Seguramente debido a esta situación tan estratégica en el mapa europeo, las vidas de sus habitantes se han visto afectadas durante siglos por los cambios políticos, militares y económicos impuestos por los “conquistadores” que han ido pasando por estas hermosas tierras.

Y es que este territorio rebosa de historia y de personas ilustres que han ido cambiando su rumbo: La Galia, Asterix y Obelix, las Dinastías Merovingia y Carolingia, el Imperio Germánico, Luis XIII, el Cardenal Richelieu, D’Artagnan y los mosqueteros, “El Rey Sol” (Luis XIV), la Dinastía Borbónica y hasta la Revolución Francesa  incidió en estas tierras. Pero la historia no acaba aquí: Napoleón Bonaparte, Prusia, La I Guerra Mundial, la Sociedad de Naciones, Adolf Hitler, los nazis, la II Guerra Mundial, etc.

Más de diez veces pasó esta tierra de manos francesas a manos alemanas a lo largo de su historia, normal que en 1947, hartos de tanto cambio y viendo que no había acuerdos para el futuro del territorio, los propios políticos y habitantes del Sarre (Saarland) decidieran crear una constitución propia y erigirse como estado soberano, bajo el manto de la Sociedad de Naciones.  De esta forma nació el “Protectorado del Sarre”.

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Y si lo político, económico y social andaba convulso, el deporte y particularmente el fútbol, no podía ser menos. Desde principios de siglo (XX), el principal y más conocido equipo de fútbol del Sarre (equipo de la capital), el FC Saarbrücken (FV Sarrebruck hasta 1945), era un integrante más del campeonato germano. El problema vino después de la II Guerra Mundial, cuando Francia se hizo de nuevo con el gobierno del Sarre. El FC Saarbrücken, fue invitado a disputar la Ligue 2 de Francia en 1948, pero solo como mero espectador. Es decir, sus puntos no se contabilizarían, al igual que su posición final en la tabla. El problema no hubiera sido tal, si el FC Saarbrücken no se hubiera paseado durante toda la temporada por la liga, cosechando victorias y humillando a los demás equipos. Finalmente el Lens fue dado como vencedor (empatado a puntos con el Girondins de Burdeos), aún acabando la competición 6 puntos por debajo del equipo del Sarre. Posteriormente, el FC Saarbrücken envió una queja formal a la FFF (Federación Francesa de Fútbol) pero esta no fue escuchada. Estos bochornosos incidentes hicieron que el hasta entonces Presidente de FFF (y de la FIFA), el famoso Jules Rimet, abandonara su cargo.

FC Saarbrücken 8 - Le Mans 0

FC Saarbrücken 8 – Le Mans 0

Saarland Pokal 1950

Saarland Pokal 1950

La disputa entre Francia y Alemania (de nuevo) por anexionarse este pequeño territorio, supuso que ninguno de los equipos deportivos del Sarre pudiese disputar competición alguna ni en tierras francesas, ni en tierras alemanas. Por la cual cosa, cuando en 1947 nació el estado independiente del Sarre, aprovecharon la coyuntura para crear sus propias competiciones y que todos sus equipos pudiesen competir en ellas. Además, el grave incidente del FC Saarbrücken en en la Ligue 2 de Francia, hizo replantearse a las instituciones deportivas del Sarre, la posibilidad de crear una competición de fútbol autóctona para que sus equipos pudiesen competir libremente y sin trabas. De esta forma, en 1949 surgió un peculiar torneo, la Saarland Pokal o International Saarland Cup con equipos de distintas procedencias (algunas variopintas) como Austria, Chile, Dinamarca, Francia, Suecia, Suiza o Yugoslavia. Los partidos se jugaban casi en su totalidad en tierras sarrenas y al final se disputaba un playoff para dirimir al vencedor. En su primera edición la final la jugaría el equipo anfitrión del Sarre frente al Stade Rennais francés, acabando el partido en un abultado 4-0 favorable al FC Saarbrücken. La International Saarland Cup no duraría demasiado, ya que dos años después (1952), los clubs del Sarre volverían a formar parte de la Oberliga Alemana, finalizando así su variopinto intento de crear una competición propia.

Ese mismo año, se disputaron en Helsinki los XV Juegos Olímpicos de verano. Y como estado independiente reconocido, el Sarre pudo enviar su representación de deportistas a competir por su país. La delegación fue amplia (31 hombres y 5 mujeres) y aunque no se consiguieron medallas, sí consiguieron disputar finales en algunas modalidades deportivas (canoa o tiro deportivo). Un acontecimiento increíble y sorprendente en cualquier caso, de un mérito sin igual.

Y si volvemos al fútbol, la selección del Sarre pidió ser admitida en la FIFA, como miembro de pleno derecho (1950). Mientras era o no reconocida, disputó unos cuantos encuentros amistosos contra otras selecciones (algunas eran selecciones “B”) en los que obtuvo buenos resultados. Hay que decir que casi la totalidad de la selección estaba compuesta por el grueso del FC Saarbrücken, equipo más fuerte y potente de todo el país. Los jugadores locales más conocidos eran el portero Erwin Strempel; los defensas Theo Puff y Waldemar Philippi (jugador con más internacionalidades); los medios Gerhard Siedl y Herbert Binkert; o el gran delantero “tanque” y goleador Herbert Martin (máximo goleador de la selección). Algunos de ellos harían carrera más tarde en el campeonato alemán o francés con buenos resultados.

Finalmente, la selección sarrense consiguió ser reconocida por la UEFA y la FIFA en 1952 e incluso consiguió colarse en las eliminatorias previas de la Copa del Mundo de Suiza 1954, donde quedó encuadrada en un grupo junto a Noruega y una vieja conocida, la República Federal Alemana (RFA). Tras derrotar a domicilio a Noruega en Oslo (2-3), el morbo estaba servido cuando la selección sarrena se presentó en Stuttgart para disputar su partido frente a sus vecinos de la RFA. No hubo sorpresas y los alemanes derrotaron a la selección del Sarre 3-0, despejando todas las dudas. Finalmente, el Sarre quedaría segundo de grupo al empatar con Noruega en casa y volver a perder frente a RFA también en Saarbrücken. Si soñamos y divagamos un poco, nos gustaría saber qué hubiera pasado si la selección del Sarre hubiera vencido en esas eliminatorias previas a la RFA. Sobre todo porque la RFA consiguió llegar a la final de aquel Mundial (1954) y derrotar a una de las mejores selecciones que se vieron nunca en una Copa del Mundo, la mítica Hungría de Czibor, Kocsis, Puskas y compañía. ¿Hubiera podido el Sarre llegar a aquella final? ¿Hubiera podido el Sarre ser campeón del Mundo? Nunca lo sabremos, pero hubiera sido algo increíble y espectacular, una de esas historias que solo el fútbol puede depararnos a veces. Ese si hubiera sido el auténtico “Milagro de Berna”.

Y si todo esto nos parecía poco, en 1956, una nueva competición europea se puso en marcha. La Copa de Europa daba sus primeros pasos y el FC Saarbrücken fue invitado a participar en ella. El equipo estaba integrado ya en la Oberliga alemana (ligas regionales por debajo de la Bundesliga). La idea es que hubiera un país representante de todos los que componían el continente europeo, por ello invitaron también al equipo más importante del Sarre. El sorteo deparó un emparejamiento más que interesante entre el FC Saarbrücken y el todopoderoso AC Milan, en el que había estrellas de la talla de L. Buffon, C. Maldini, G. Dal Monte, J. Schiaffino o el gran Valentino Vialli. El morbo fue más allá de lo imaginado, cuando al final del primer partido en Milán, el pequeño equipo del Sarre consiguió deshacerse del cuadro lomabardo por un increíble 3-4, con un gol final de Herbert Martin, rocoso y gran delantero sarrense. En la vuelta no pudo obrarse el milagro final, y aunque el Kieselhumes-Stadion de Saarbrücken estaba lleno hasta la bandera (más de 20.000 personas) y el equipo consiguió llegar hasta el minuto 75 con tablas en el marcador (1-1), finalmente el enorme poderío de la “squadra” italiana se impuso y el partido finalizó 1-4.

Fue, al igual que el partido entre el Sarre y la RFA, un encuentro con mucha historia. El AC Milan se vería más tarde las caras en semifinales contra el todopoderoso Real Madrid de Di Stefano, Gento, Rial y compañía contra el que acabaría sucumbiendo. Pero, ¿y si hubiera sido el FC Saarbrücken el que hubiera pasado aquella primera eliminatoria?, ¿podría haber llegado hasta semifinales? ¿Le hubiera plantado cara a aquel Real Madrid tan glorioso? ¿Hubiera podido llegar a ser campeón de Europa?

Seguramente, todo esto quedará siempre en los libros de historia, aunque en un rinconcito muy pequeño por desgracia. El enorme esfuerzo de los jugadores del FC Saarbrücken por demostrar su valía y por competir contra cualquiera no tuvo recompensa final, pero sí una recompensa moral enorme. La aventura sarrense acabaría en 1956, cuando el protectorado del Sarre se anexionó a la República Federal Alemana como un “Länder” más y sus deportistas compitieron a partir de entonces por los colores y el escudo de su nuevo país.

Las personas estamos en constante cambio, evolucionamos e intentamos adaptarnos a lo que va llegando a nuestras vidas, lo hayamos provocado nosotros a o no. Los/las sarrenses pasaron toda su historia cambiando constantemente sus vidas, tanto política, económica, social como deportivamente. Pero hubo un tiempo en el que decidieron que serían ellos los que tomarían el mando de sus vidas y consiguieron plantar su pequeña bandera en el mapa del mundo, aunque solo fueran unos pocos años.

Solo por historias como esta, vale pena engancharse a este deporte. Y como a mi me gusta soñar y me gusta que me sorprendan, sobretodo deportivamente hablando: !Yo soy y seré siempre del Sarre¡

Manel Torrejón Perea (@manelcandeu)

Dejan Stankovic: el futbolista plurinacional

Cuando Ljupko Petrović, el mítico entrenador que llevó al Estrella Roja a la consecución dela Copa de Europa de clubs en 1991, se volvió a hacer cargo de la escuadra rojiblanca en 1994, el equipo venía de una racha de resultados muy negativa y de dos años en los que había finalizado segundo por detrás de su eterno rival, el Partizan de Belgrado.

En este equipo quedaban ya pocas estrellas de la proeza de Bari del 91, pero despuntaban algunos valores emergentes o futbolistas en potencia que querían hacerse un hueco en el primer equipo. Y uno de ellos irrumpiría con más fuerza que nadie, su nombre: Dejan Stankovic.

En una época convulsa en la zona de los Balcanes, con disputas bélicas internas entre naciones pertenecientes hasta entonces a Yugoslavia, el fútbol era una de las vías de escape del pueblo y a la vez un escenario para descargar las frustraciones, sentimientos e iras de personas que vivían una época terrible. Y en medio de toda esta vorágine, los dos principales equipos de Belgrado, Estrella Roja y Partizan trasladaron estas disputas al terreno de juego, por los títulos nacionales. La suerte había sido favorable a los blanquinegros en las últimas dos temporadas, pero ese año las cosas iban a cambiar. A mitad de temporada el entrenador Petrović iba a echar mano de la cantera rojiblanca, ya que había un centrocampista que estaba marcando las diferencias con tan solo 16 años y había ido subiendo como la espuma en las  diferentes categorías del Estrella Roja, hasta acabar jugando en el filial y consiguiendo grandes números. Alto, rápido, con una depurada técnica y un disparo endiablado el joven Dejan Stankovic fue convocado con el primer equipo a su corta edad y pasó a convertirse en el jugador más joven en debutar con el Estrella Roja. Y es que llevaba el fútbol en sus venas, ya que su padre había sido un importante centrocampista  del OFK Belgrado,  y hasta su madre había formado parte de la delantera de un potente equipo de la primera división femenina  de Yugoslavia, el Sloga Zemun.

De esta forma la carrera del joven Dejan no podía ir mal de ninguna forma, y así fue. A su corta edad se convirtió en campeón de liga y copa aquella misma temporada con el cuadro rojiblanco y fue llamado a las categorías inferiores de la selección Yugoslava, con la que más tarde conseguiría un sorprendente récord. Es interesante destacar una anécdota que sucedió en esa misma temporada, cuando se enfrentó al equipo de su padre de toda la vida el OFK de Belgrado, del cual Stankovic era también seguidor, pero enfundando la camiseta ahora del Estrella Roja y a los que además derrotó con comodidad en el campo, ironías de este deporte.

Su crecimiento continuó la temporada siguiente, debutando en Champions League, entrando una vez iniciado el partido frente al equipo alemán del Kaiserslautern, anotando además dos tantos, ante el asombro de toda Europa. Y siguió creciendo y creciendo cada vez más, tanto es así, que en un par de temporadas más, con tan solo 20 años y habiendo jugado ya el Mundial de Francia 98, la Lazio de Sven Goran Eriksson llamó a sus puertas y ni el Estrella Roja ni el joven Dejan pudieron decir que no a aquella suculenta oferta.

En aquella escuadra de ensueño con los Nesta, Almeyda, Nedved, Vieri, Salas o su compatriota fichado ese mismo año Sinisa Mihajlović, Stankovic consigue hacerse con un puesto en el 11 del equipo romano y jugar más de 40 partidos anotando 9 goles. El salto ya estaba dado, pero no se iba a quedar ahí, ya que en 1999 gana la última Recopa de Europa que se disputaría nunca en una memorable final frente al RCD Mallorca por 2-1 y es pieza clave en aquel título. No siendo esto suficiente, en el 2000 y ya asentado en aquel mágico conjunto laziale consigue nada más y nada menos que el doblete en el Calcio italiano, ganando liga y copa ese mismo año. No tendría tanta suerte en la Eurocopa del 2000 con Yugoslavia, al caer eliminado frente a España con aquel gol en el descuento de Alfonso Pérez Muñoz en un partido loco que pasará a la historia del fútbol, sin duda alguna.

No obstante, su equipo sigue cosechando éxitos, consiguiendo dos Supercopas y otra Copa de Italia más mientras la economía del club con el presidente Cragnotti a la cabeza iba haciendo que la escuadra laziale se hundiera cada vez más y cayera en bancarrota, obligando a todas sus estrellas a buscar nuevos destinos. De esta forma Dejan Stankovic deja el equipo de Roma en 2004, recibe una interesante oferta del Inter de Milán y acaba firmando por el equipo de la Lombardía. Un año antes, en su país, la reestructuración de los territorios que formaban la antigua Yugoslavia era un hecho y poco a poco se habían ido formando distintas naciones-estado que funcionaban ya como territorios independientes, no solo en el aspecto político, económica y social; sino también en lo deportivo. Por lo tanto, la idea de Yugoslavia no tenía sentido ya y el territorio pasó a llamarse Serbia y Montenegro, compuesto por dos naciones bien diferenciadas, con vínculos comunes pero bastante distintas en casi todos los aspectos. Aun así, compitieron juntas en lo deportivo hasta 2006, cuando las dos se independizaron.

Los deportistas y en este caso los futbolistas como Stankovic, no podían estar al margen de todos estos cambios políticos, económicos y sociales que se estaban produciendo en sus países de origen y sin querer muchas veces debían tomar partido en las decisiones que se dirimían allí. En algunos casos, estas confrontaciones ocasionaron pequeñas tensiones y conflictos entre compañeros de una misma selección por motivos políticos, religiosos o culturales, como el que mantuvieron Darko Kovacevic y Savo Milosevic, ambos goleadores con Yugoslavia (el primero del Estrella Roja y el segundo del Partizan) durante un tiempo por desavenencias y distintas maneras de ver estos cambios que se estaban produciendo en su territorio.

En lo deportivo, Stankovic seguía cosechando títulos, ahora con el equipo interista, ganando otra Copa de Italia y dos Scudettos más hasta 2006 (uno de ellos por el escándalo del “Moggigate”, la eliminación de la Juventud de Turín de la Serie A y su descenso fulminante a la Serie B), además de dos Supercopas de Italia. Y ese mismo año volvería a clasificar a su selección (Serbia y Montenegro en este caso) para la fase final de un Mundial, el de Alemania 2006, quedando encuadrada en el grupo de la muerte con Argentina, Holanda y Costa de Marfil consiguiendo no puntuar en ninguno de los partidos y dejando el casillero a 0.

Aun así, con su equipo la cosa no podía ir mejor, ya que el Inter se hizo con los siguientes cuatro Scudettos hasta 2010, una Copa y dos Supercopas de Italia más. Además, Stankovic nunca dejó de ser un hombre importante en las alineaciones del equipo neroazzurri consolidándose así en el equipo y siendo pieza clave tanto en el Inter como en su selección. Consecuencia de ello llegó el mayor logro como jugador en un club de fútbol, la consecución de la Champions League ese mismo año 2010, ganando en la final al Bayern de Munich en Madrid en el aquel Inter de Mourinho que pasaría a la historia por conseguir el triplete aquella misma temporada, disputando Stankovic todas las finales.

Ese mismo año 2010 Dejan Stankovic consiguió también un sorprendente récord con su selección (Serbia en este caso) en el Mundial de Sudáfrica. Y es el de conseguir ser el único jugador que ha disputado tres Copas del Mundo de Fútbol con tres selecciones distintas, no cambiando además nunca de territorio de origen. Ese extraño e inverosímil récord se da, porque los futbolistas como Dejan al igual que cualquier persona en este Mundo, están en constante cambio.

El Mundo en el que vivimos gira tan rápido como un balón en un campo de fútbol y cualquier persona está expuesta a estos cambios que se dan continuamente y que nos hacen replantearnos muchas cosas, pero que también nos ayudan a crecer como personas y a ampliar nuestros horizontes. Dejan Stankovic es un ejemplo claro de estas constantes idas y venidas que se dan en la vida de cualquier ser humano, ya que él como jugador de fútbol profesional, también tuvo que pasar por etapas duras en su vida, como la vivencia de una guerra entre territorios cercanos, con amigos y familiares que perdieron su vida. Y no siendo esto suficiente, más tarde tuvieron que volver a reconstruir un país, no solo levantando muros y paredes de hormigón, sino también construyendo nuevas conciencias individuales y colectivas y cambiando antiguos pensamientos ya obsoletos en los nuevos tiempos que corren. Por tanto, del jugador que jugó con Yugoslavia en 1998, con Serbia y Montenegro en 2006 y finalmente con Serbia en 2010 no nos puede quedar solo la idea de lo que vimos en un terreno de juego. Sino toda una historia detrás de superación y regeneración personal de un joven que nació para ser futbolista pero que ayudó también a que el territorio en el que nació, creció y se crió, se llamara como se llamara, pudiera continuar adelante y fuera un lugar tranquilo, sin odios ni disputas, más allá de las que pudieran darse en un terreno de juego durante 90 minutos. Cuando Dejan Stankovic se retire, será recordado sin lugar dudas por ser un grandísimo futbolista que aportó mucho a todos los equipos en los que estuvo, pero también por ser una de las personas que abanderó la transformación pacífica y normalizadora de su país desde su selección de fútbol, alzando muchas banderas al aire, pero una por encima de todas, la del respeto y el sentido común.

Manel Torrejón Perea (@manelcandeu)

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