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Sarre: la estrella fugaz a la que Francia y Alemania no dejaron brillar

El escritor alemán Thomas Mann decía que: “La guerra es la salida cobarde a los problemas de la paz.” Seguramente tenía razón.  Una guerra le cambia la vida a una persona, sobretodo cuando los intereses que se defienden, simulan ser los del colectivo, pero al final son solo los de unos pocos.

Eso precisamente han debido pensar toda la vida los habitantes del Sarre (Saarland), un pequeño territorio situado en la frontera entre Alemania, Francia y Luxemburgo. Seguramente debido a esta situación tan estratégica en el mapa europeo, las vidas de sus habitantes se han visto afectadas durante siglos por los cambios políticos, militares y económicos impuestos por los “conquistadores” que han ido pasando por estas hermosas tierras.

Y es que este territorio rebosa de historia y de personas ilustres que han ido cambiando su rumbo: La Galia, Asterix y Obelix, las Dinastías Merovingia y Carolingia, el Imperio Germánico, Luis XIII, el Cardenal Richelieu, D’Artagnan y los mosqueteros, “El Rey Sol” (Luis XIV), la Dinastía Borbónica y hasta la Revolución Francesa  incidió en estas tierras. Pero la historia no acaba aquí: Napoleón Bonaparte, Prusia, La I Guerra Mundial, la Sociedad de Naciones, Adolf Hitler, los nazis, la II Guerra Mundial, etc.

Más de diez veces pasó esta tierra de manos francesas a manos alemanas a lo largo de su historia, normal que en 1947, hartos de tanto cambio y viendo que no había acuerdos para el futuro del territorio, los propios políticos y habitantes del Sarre (Saarland) decidieran crear una constitución propia y erigirse como estado soberano, bajo el manto de la Sociedad de Naciones.  De esta forma nació el “Protectorado del Sarre”.

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Y si lo político, económico y social andaba convulso, el deporte y particularmente el fútbol, no podía ser menos. Desde principios de siglo (XX), el principal y más conocido equipo de fútbol del Sarre (equipo de la capital), el FC Saarbrücken (FV Sarrebruck hasta 1945), era un integrante más del campeonato germano. El problema vino después de la II Guerra Mundial, cuando Francia se hizo de nuevo con el gobierno del Sarre. El FC Saarbrücken, fue invitado a disputar la Ligue 2 de Francia en 1948, pero solo como mero espectador. Es decir, sus puntos no se contabilizarían, al igual que su posición final en la tabla. El problema no hubiera sido tal, si el FC Saarbrücken no se hubiera paseado durante toda la temporada por la liga, cosechando victorias y humillando a los demás equipos. Finalmente el Lens fue dado como vencedor (empatado a puntos con el Girondins de Burdeos), aún acabando la competición 6 puntos por debajo del equipo del Sarre. Posteriormente, el FC Saarbrücken envió una queja formal a la FFF (Federación Francesa de Fútbol) pero esta no fue escuchada. Estos bochornosos incidentes hicieron que el hasta entonces Presidente de FFF (y de la FIFA), el famoso Jules Rimet, abandonara su cargo.

FC Saarbrücken 8 - Le Mans 0

FC Saarbrücken 8 – Le Mans 0

Saarland Pokal 1950

Saarland Pokal 1950

La disputa entre Francia y Alemania (de nuevo) por anexionarse este pequeño territorio, supuso que ninguno de los equipos deportivos del Sarre pudiese disputar competición alguna ni en tierras francesas, ni en tierras alemanas. Por la cual cosa, cuando en 1947 nació el estado independiente del Sarre, aprovecharon la coyuntura para crear sus propias competiciones y que todos sus equipos pudiesen competir en ellas. Además, el grave incidente del FC Saarbrücken en en la Ligue 2 de Francia, hizo replantearse a las instituciones deportivas del Sarre, la posibilidad de crear una competición de fútbol autóctona para que sus equipos pudiesen competir libremente y sin trabas. De esta forma, en 1949 surgió un peculiar torneo, la Saarland Pokal o International Saarland Cup con equipos de distintas procedencias (algunas variopintas) como Austria, Chile, Dinamarca, Francia, Suecia, Suiza o Yugoslavia. Los partidos se jugaban casi en su totalidad en tierras sarrenas y al final se disputaba un playoff para dirimir al vencedor. En su primera edición la final la jugaría el equipo anfitrión del Sarre frente al Stade Rennais francés, acabando el partido en un abultado 4-0 favorable al FC Saarbrücken. La International Saarland Cup no duraría demasiado, ya que dos años después (1952), los clubs del Sarre volverían a formar parte de la Oberliga Alemana, finalizando así su variopinto intento de crear una competición propia.

Ese mismo año, se disputaron en Helsinki los XV Juegos Olímpicos de verano. Y como estado independiente reconocido, el Sarre pudo enviar su representación de deportistas a competir por su país. La delegación fue amplia (31 hombres y 5 mujeres) y aunque no se consiguieron medallas, sí consiguieron disputar finales en algunas modalidades deportivas (canoa o tiro deportivo). Un acontecimiento increíble y sorprendente en cualquier caso, de un mérito sin igual.

Y si volvemos al fútbol, la selección del Sarre pidió ser admitida en la FIFA, como miembro de pleno derecho (1950). Mientras era o no reconocida, disputó unos cuantos encuentros amistosos contra otras selecciones (algunas eran selecciones “B”) en los que obtuvo buenos resultados. Hay que decir que casi la totalidad de la selección estaba compuesta por el grueso del FC Saarbrücken, equipo más fuerte y potente de todo el país. Los jugadores locales más conocidos eran el portero Erwin Strempel; los defensas Theo Puff y Waldemar Philippi (jugador con más internacionalidades); los medios Gerhard Siedl y Herbert Binkert; o el gran delantero “tanque” y goleador Herbert Martin (máximo goleador de la selección). Algunos de ellos harían carrera más tarde en el campeonato alemán o francés con buenos resultados.

Finalmente, la selección sarrense consiguió ser reconocida por la UEFA y la FIFA en 1952 e incluso consiguió colarse en las eliminatorias previas de la Copa del Mundo de Suiza 1954, donde quedó encuadrada en un grupo junto a Noruega y una vieja conocida, la República Federal Alemana (RFA). Tras derrotar a domicilio a Noruega en Oslo (2-3), el morbo estaba servido cuando la selección sarrena se presentó en Stuttgart para disputar su partido frente a sus vecinos de la RFA. No hubo sorpresas y los alemanes derrotaron a la selección del Sarre 3-0, despejando todas las dudas. Finalmente, el Sarre quedaría segundo de grupo al empatar con Noruega en casa y volver a perder frente a RFA también en Saarbrücken. Si soñamos y divagamos un poco, nos gustaría saber qué hubiera pasado si la selección del Sarre hubiera vencido en esas eliminatorias previas a la RFA. Sobre todo porque la RFA consiguió llegar a la final de aquel Mundial (1954) y derrotar a una de las mejores selecciones que se vieron nunca en una Copa del Mundo, la mítica Hungría de Czibor, Kocsis, Puskas y compañía. ¿Hubiera podido el Sarre llegar a aquella final? ¿Hubiera podido el Sarre ser campeón del Mundo? Nunca lo sabremos, pero hubiera sido algo increíble y espectacular, una de esas historias que solo el fútbol puede depararnos a veces. Ese si hubiera sido el auténtico “Milagro de Berna”.

Y si todo esto nos parecía poco, en 1956, una nueva competición europea se puso en marcha. La Copa de Europa daba sus primeros pasos y el FC Saarbrücken fue invitado a participar en ella. El equipo estaba integrado ya en la Oberliga alemana (ligas regionales por debajo de la Bundesliga). La idea es que hubiera un país representante de todos los que componían el continente europeo, por ello invitaron también al equipo más importante del Sarre. El sorteo deparó un emparejamiento más que interesante entre el FC Saarbrücken y el todopoderoso AC Milan, en el que había estrellas de la talla de L. Buffon, C. Maldini, G. Dal Monte, J. Schiaffino o el gran Valentino Vialli. El morbo fue más allá de lo imaginado, cuando al final del primer partido en Milán, el pequeño equipo del Sarre consiguió deshacerse del cuadro lomabardo por un increíble 3-4, con un gol final de Herbert Martin, rocoso y gran delantero sarrense. En la vuelta no pudo obrarse el milagro final, y aunque el Kieselhumes-Stadion de Saarbrücken estaba lleno hasta la bandera (más de 20.000 personas) y el equipo consiguió llegar hasta el minuto 75 con tablas en el marcador (1-1), finalmente el enorme poderío de la “squadra” italiana se impuso y el partido finalizó 1-4.

Fue, al igual que el partido entre el Sarre y la RFA, un encuentro con mucha historia. El AC Milan se vería más tarde las caras en semifinales contra el todopoderoso Real Madrid de Di Stefano, Gento, Rial y compañía contra el que acabaría sucumbiendo. Pero, ¿y si hubiera sido el FC Saarbrücken el que hubiera pasado aquella primera eliminatoria?, ¿podría haber llegado hasta semifinales? ¿Le hubiera plantado cara a aquel Real Madrid tan glorioso? ¿Hubiera podido llegar a ser campeón de Europa?

Seguramente, todo esto quedará siempre en los libros de historia, aunque en un rinconcito muy pequeño por desgracia. El enorme esfuerzo de los jugadores del FC Saarbrücken por demostrar su valía y por competir contra cualquiera no tuvo recompensa final, pero sí una recompensa moral enorme. La aventura sarrense acabaría en 1956, cuando el protectorado del Sarre se anexionó a la República Federal Alemana como un “Länder” más y sus deportistas compitieron a partir de entonces por los colores y el escudo de su nuevo país.

Las personas estamos en constante cambio, evolucionamos e intentamos adaptarnos a lo que va llegando a nuestras vidas, lo hayamos provocado nosotros a o no. Los/las sarrenses pasaron toda su historia cambiando constantemente sus vidas, tanto política, económica, social como deportivamente. Pero hubo un tiempo en el que decidieron que serían ellos los que tomarían el mando de sus vidas y consiguieron plantar su pequeña bandera en el mapa del mundo, aunque solo fueran unos pocos años.

Solo por historias como esta, vale pena engancharse a este deporte. Y como a mi me gusta soñar y me gusta que me sorprendan, sobretodo deportivamente hablando: !Yo soy y seré siempre del Sarre¡

Manel Torrejón Perea (@manelcandeu)

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Los extremos puros: esa “especie” en peligro de extinción

Robo de balón en el medio del campo y salida rápida buscando sorprender al rival. La pelota llega al extremo izquierdo, controla el pase con el interior, el esférico queda parado y por un momento el tiempo también. En décimas de segundo, por la cabeza del jugador pasan miles de cosas y su cuerpo experimenta sensaciones muy contradictorias. Pegado a la línea de banda, con el lateral derecho encima, la grada sobre sus hombros, voces y susurros entran sin parar por sus oídos y la sangre le bulle. Va a mil revoluciones, pero intenta serenarse y pensar que hacer, todo en décimas de segundo. El rival es como un toro que viene a embestir y el debe sortearlo con maestría, e intentar acabar la faena dignamente para poder conseguir el ansiado premio del gol, con la ayuda de sus compañeros. En ese momento, todo vuelve a la realidad, el extremo amaga con el cuerpo, hace una media bicicleta con la que desequilibra al lateral y consigue marcharse por velocidad con el balón pegado a la cal y a escasos centímetros la línea de córner. En ese momento, el delantero de su equipo hace un desmarque al defensa rival y consigue adelantarse en la carrera unos centímetros. El extremo levanta la cabeza y lo ve, en ese momento y sin pensarlo, pone un centro desde la línea de fondo con el interior del pie, que se va abriendo para que el portero no llegue y medido a la cabeza de su compañero desmarcado. El delantero impacta con su cabeza al balón con mucha potencia y el esférico entra en la portería como un rayo, sin que los defensas ni el portero rival puedan hacer nada para impedirlo. Fútbol en estado puro, sin duda, pero un fútbol que se está perdiendo a una velocidad de vértigo.

Y es que este deporte cambia a cada segundo, aunque a veces nos sorprenda y lo haga en direcciones en los que no esperábamos. El portero que sale jugando con los pies, los laterales que son “carrileros” ofensivos, el pivote defensivo que organiza el juego, el mediocampista que defiende y ataca (todocampista), los delanteros que se tiran a banda; y últimamente, los “falsos” delanteros y los extremos que juegan a banda cambiada. Son muchas las causas que hacen que este deporte “evolucione”: una mejor formación de los técnicos deportivos, nuevas tecnologías que permiten aprender e implementar cualquier mejora en cualquier lugar del mundo al instante, el fútbol visto como un espectáculo televisivo, la tremenda competitividad existente entre equipos en ligas nacionales y competiciones continentales, la evolución de los clubs como empresas deportivas, la necesidad de ofrecer al espectador algo novedoso cada temporada. Sin olvidar el cambio paulatino hacia un fútbol más físico y rápido, con balones como los actuales, más  ligeros, que hacen que los centros sean más imprecisos. A la vez, los referentes en ataque han modificado su juego también y pocos equipos apuestan ya por delanteros corpulentos que sean rematadores natos y solo trabajen en el area. Todo esto hace del fútbol un deporte aún más interesante e imprevisible, ya que estos factores cambiantes lo convierten en un espectáculo más atractivo a los ojos de los/las espectadores/as que lo disfrutan cada semana. Pero, ¿de verdad es así?

Si nos paramos a reflexionar un poco quizá podamos tener otra opinión mejor formada de todo esto. Y como ejemplo ilustrativo, podemos pararnos a pensar por ejemplo en qué ha pasado con los extremos puros de toda la vida. ¿Se han evaporado?

Cuando me siento a escuchar las historias de fútbol que cuenta mi abuelo, siempre me quedo fascinado. En ellas relata como sentía y vivía él este deporte cuando era más joven. Pero no hay una sola historia en la que no aparezca un extremo puro y clásico como los de antes. Me habla del Barça de las “Cinc Copes” y de cómo Estanislau Basora y  Eduardo Manchón traían locas a las defensas rivales y ponían finos centros a César y Kubala para que rematasen sus jugadas, mientras los aficionados de “Les Corts” enloquecían. O como el estadio de Chamartín se venía abajo cuando Paco Gento corría la banda izquierda cual centella y asistía al gran Alfredo Di Stefano para que marcase, en aquellas memorables noches de Copa de Europa de las 6 que consiguió “La Galerna del Cantábrico”. También habla de un “melenudo” británico llamado George Best que ponía patas arriba Old Trafford (y otros pubs de la zona) con sus regates y su clase magistral. Pero sobretodo me sorprende que se acuerde de un pequeño extremo brasileño del Botafogo que solo pudo tener la suerte de ver cuatro o cinco veces cada cuatro años, en los Mundiales de Suecia 58 y Chile 62. Siempre me dice que Pelé era de otro mundo pero nunca había visto a nadie regatear y “gambetear” como ese tal Garrincha.

Y si mi padre entra en la conversación, no puede dejar de hablar del gran Amancio Amaro, extremo portentoso de la generación del Real Madrid de los “Ye-yés”, apodado “El Brujo” por sus regates increíbles en banda y su rapidez. Sin salir del equipo blanco, no podemos pasar por alto al mito, Juan Gómez “Juanito”. Extremo rápido y veloz, de una fuerza y coraje sin igual que a día de hoy aún se recuerda en el estadio Santiago Bernabéu cuando el reloj marca el minuto 7 de partido, su mítico dorsal. Aunque si viajamos al n0rte, sin duda hay que hablar del veloz Txtextu Rojo, que dejaba boquiabierta a la afición de Bilbao en “La Catedral” con su descaro para encarar a los defensas y sus medidos centros al area. Y es que la historia de extremos clásicos vascos no acaba aquí, porque no muy lejos de Vizcaya, en Guipúzcoa concretamente, vivía el gran Roberto López Ufarte, un menudo y habilidoso extremo izquierdo que fue santo y seña de aquella mítica Real Sociedad que consiguió dos títulos consecutivos de Liga a principios de los ochenta y que fue ídolo de masas para todos los que acudían cada domingo a Atocha para ver al equipo “txuriurdín”. Gracias al trabajo y a la huella que dejaron estos dos tremendos extremos vascos, surgieron otros dos que siguieron sus pasos a no mucho tardar. El primero fue “Txiki” Beriguistáin, extremo izquierdo que irrumpió con fuerza para sustituir a López Ufarte en la Real Sociedad. Y el segundo fue Jon Andoni Goikoetxea, rápido y versátil extremo derecho navarro que despuntó en C.A. Osasuna y en la Real Sociedad posteriormente. La calidad de estos dos extremos no pasó inadvertida para el mundo y rápidamente el FC Barcelona de Johan Cruyff se hizo con ellos, siendo protagonistas esenciales de los títulos conseguidos por el cuadro catalán a principio de los noventa.


Cabe resaltar, pero, que si hablamos de extremos puros, los dos que jugaban en el Real Madrid de la “Quinta del Buitre” tampoco estaban carentes de calidad. Rafael Gordillo, mítico extremo izquierdo sevillano, de la cantera del Real Betis Balompié fichado por el cuadro blanco a mediados de los ochenta. Pero sobretodo Jose Miguel González “Míchel”, fino estilista canterano del conjunto blanco que junto a jugadores de la talla de Manuel Sanchís, Rafael Martín Vázquez o el mítico Emilio Butragueño, marcaron una época en la historia del club.

Como apreciación, cabría destacar, además de la vistosidad que regalaba este fútbol al espectador/a, como también aumentaba la velocidad del juego, la intensidad del mismo y hasta las pulsaciones de los jugadores y aficiones que disfrutaban de el. Pero no contentos con esto, el fútbol con bandas abiertas deparaba también unos duelos entre extremos y laterales memorables e históricos hoy en día.

Y es en ese preciso instante, en el que yo puedo entrar de verdad en la conversación y me pongo a recordar aquellas “batallas” futbolísticas increíbles entre el portugués Luis Figo y el posiblemente mejor lateral izquierdo de todos los tiempos, el brasileño Roberto Carlos. Cuando jugaban en el FC Barcelona y el Real Madrid respectivamente. O del propio Figo con el magnífico lateral del País Vasco Francés Bixente Lizarazu, cuando el portugués militaba ya en las filas blancas y el francés lo hacía con el temible Bayern de Munich. O los duelos entre el veloz extremo izquierdo holandés del Arsenal FC y FC Barcelona Mark Overmars y el lateral derecho del Manchester United Gary Neville, en los que siempre saltaban chispas. Y no se quedan atrás los duelos entre el maravilloso extremo izquierdo del Valencia CFVicente Rodríguez, y el lateral derecho del Real Madrid Michel Salgado, donde siempre había una intensidad brutal.

No obstante, la mayoría de extremos de todo el mundo actuales, han tenido que adaptarse a los nuevos tiempos y modificar su fútbol y su posición en el campo para complacer a sus técnicos y en “beneficio” del equipo. Aunque no está tan claro, que esto haya beneficiado al espectador/a y sobretodo al fútbol en general. Es cierto que se combina mucho más y que los extremos a banda cambiada pueden salir y tener más ocasiones para disparar a puerta desde una mejor posición. Pero no es menos cierto que las defensas también evolucionan y trabajan estas variantes. Por lo que al final tenemos muchas veces, acumulación de jugadores de tres cuartos de campo hacia delante, sobretodo al borde del área grande. El juego se ralentiza, los jugadores deben ser muy combinativos para que las jugadas no se diluyan y las bandas muchas veces quedan desocupadas, o se ocupan ocasionalmente por delanteros o centrocampistas que caen a ellas. Existe la posibilidad también de dejarla libre para la subida de laterales rápidos, que por otra parte, no tienen en la mayoría de casos, la clase ni la técnica de los extremos y jugadores de banda clásicos.

Por lo tanto, cuando hablamos de “evolución” en el fútbol, muchas veces, creo que el término no es correcto. Porque sí que es cierto que se dan cambios en este deporte y que todo avanza muy deprisa, como la vida de cualquier persona actualmente, sobretodo en los países occidentales. Pero no es menos cierto que en muchos aspectos este deporte está involucionando y dando pasitos atrás más que adelante. Habría mucho que escribir sobre todos estos cambios en el fútbol actual, aunque algunos de ellos han sido comentados ya al principio de este artículo. Quizá toda esta información nos daría para elaborar unos cuantos artículos más con total seguridad, pero ciñéndonos al tema que nos ocupa, creo que es justo  afirmar que el fútbol actual ha perseguido y eliminado (o al menos ha reconvertido) de los terrenos de juego a la mayoría de extremos puros que había. Jugadores con descaro, técnica, clase y calidad que no tenían miedo a jugársela. No temían coger la responsabilidad de encarar a sus rivales, se echaban el equipo a las espaldas y firmaban jugadas que acaban con centros medidos que se traducían en goles y campeonatos importantes para el equipo en muchas ocasiones. Pero sobretodo, jugadores que hacían levantarse a los aficionados de sus asientos en los estadios y que hacían vibrar y alzarse repentinamente a los más mayores de sus sillones en casa. Malabaristas y finos bordadores, que hilaban e hilvanaban jugadas fantásticas en espacios reducidos frente a contrincantes que solo tenían por objetivo destruir su fútbol. Jugadores que hacían que un servidor disfrutara cada semana con este deporte como un niño pequeño con un juguete nuevo. Por eso para acabar solo me gustaría lanzar una pregunta al aire: ¿Por qué el fútbol no quería seguir disfrutando con los extremos puros?

Manel Torrejón Perea (@manelcandeu)

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