Cuando hablamos de Rogerio Ceni a todos nos viene la imagen del portero que está preparado para chutar una falta directa, nos quedamos solo con eso. Pero Rogrio Ceni es mucho más que un simple portero especialista en lanzamientos directos, muchas más incluso que un porterazo, Rogerio Ceni es “O mito”, un hombre récord.
Es un jugador de un solo club o como se dice mucho en Inglaterra “one club men”, Sao Paolo de Brasil. Es un jugador que parece que lleve toda la vida jugando, e incluso muchos no recuerdan al Sao Paolo sin Rogerio Ceni. A día de hoy, son mas de 23 temporadas seguidas en activo, solo igualado por el “red devil” Ryan Giggs, además de hacerlo siempre en el mismo club, el de su corazón.
Rogerio empezó muy joven en el Sao Paolo como suplente del internacional canarinho Zetti. Alli consiguió sus primeros logros aunque de manera secundaria, como los campeonatos Paulista, la Copa Libertadores y las dos intercontinentales ganadas al Barça del Dream Team y el Milan de Capello. Fue con la marcha de Zetti donde Rogerio Ceni empezó a tener protagonismo en el equipo. Portero de grandes reflejos, muy seguro en las salidas, de gran envergadura para llegar a balones imposibles, gracias también, a su gran agilidad y gran juego de pies que le permitiría más adelante conseguir grandes logros.
Tal rendimiento bajo los palos le valió para formar parte de la selección brasileña en las Olimpiadas de Atlanta 1996 en una lista donde destacaban nombres como Ronaldo, Rivaldo, Roberto Carlos, Savio, Juninho… con los cuales consiguió una “decepcionante” medalla de bronce.
Pero Rogerio Ceni no solo es y ha sido un gran portero bajo los palos sino que otra especialidad ha eclipsado su gran labor en la portería, ya que el portero brasileño es el portero mas goleador de la historia del futbol con mas de 100 goles. El dia 27 de marzo de 2011 en un partido contra Corinthians, Rogerio consiguió su gol numero 100 (56 de falta y 44 de penalti) cifra récord y surrealista si hablamos de un portero.
Con un estilo particular y muy brasileño, con los tipicos dos pasos antes de golpear al balón, se labró una gran imagen mediática. Podemos ver varios anuncios publicitarios de varias marcas en diferentes sectores e incluso en los videojuegos donde muchos juegan con el Sao Paolo para poder controlar los lanzamientos de falta directa de Rogerio Ceni. En este mismo campo de los juegos virtuales otro portero goleador como Chilavert también fue protagonista e icono de los videojuegos deportivos entre los más “jugones” amantes del fútbol.
Otro récord mediático de Rogerio Ceni es que su camiseta, es la camiseta de portero mas vendida del mundo y no solo por eso la hace especial. Es que su camiseta tiene una particularidad en el numero 1 que se asocia al portero titular de un equipo, pero con un matiz, ya que es el numero 10 al revés (el numero 10 suele estar relacionado con la estrella del equipo), ademas de llevar su firma estampada en el pecho. Eso es lo que hace a esa camiseta tan mediática y tan especial en un futbolista récord y difícilmente superable.
Muchas criticas ha recibido el bueno de Rogerio Ceni, que le acusan de no dar nunca el salto a Europa y por eso muchos dudan de su nivel. Algunos lo achacan a no tener protagonismo en la “canarinha” a pesar de ser integrante de la selección campeona del mundo de 2002 en Corea y Japón y de la Copa Confederaciones de 1997. Pero Rogerio siempre ha explicado su por qué, ya que aunque reconoce haber recibido varias ofertas de Europa, algunas de ellas muy importantes económicamente, nunca recibió ninguna de los equipos TOP. Por eso argumenta que prefiere entrenar día a día en un equipo campeón y luchar por grandes campeonatos a ganar mucho dinero y no pelear por grandes títulos que es lo que realmente le llena como futbolista y deportista. Todo ello sumado a que Sao Paolo es un club muy grande donde ha jugado y compartido vestuario con jugadores como Rai, Juninho, Leonardo, Edmilson, Cafu, Denilson, Belleti, Kaka, Baptista, Luis Fabiano,… ademas de ser el club de su corazón.
Es por ese motivo que ha dedicado toda su vida deportiva al Sao Paolo consiguiendo grandes títulos, no solo en la competición doméstica, sino también fuera de las fronteras de Brasil. Como 2 Recopas Sudamericanas, una Copa Commebol, una Copa Master Commebol, una Copa Sudamericana y una Supercopa Sudamericana, ademas de 3 copas libertadores y 3 intercontinentales. La última de las cuales, ante el gran Liverpool de Rafa Benitez en 2005, siendo pieza clave en la final, que le valió para ser elegido Balón de Oro de dicha competición. Otro nuevo récord, ya que fue el primer portero en recibir dicho galardón de tan prestigiosa competición, sumando su nombre a los Platini, Muller, Raul, Ronaldo, Zico, Del Piero…
Por todo esto, podemos estar seguros que cuando hablamos de Rogerio Ceni hablamos de algo más que un portero, algo más que un buen lanzador de golpes francos, algo más que un capitán. Hablamos de un mito del fútbol, hablamos de una leyenda del Sao Paolo y del fútbol brasileño. Larga vida al “M1TO”.
Robo de balón en el medio del campo y salida rápida buscando sorprender al rival. La pelota llega al extremo izquierdo, controla el pase con el interior, el esférico queda parado y por un momento el tiempo también. En décimas de segundo, por la cabeza del jugador pasan miles de cosas y su cuerpo experimenta sensaciones muy contradictorias. Pegado a la línea de banda, con el lateral derecho encima, la grada sobre sus hombros, voces y susurros entran sin parar por sus oídos y la sangre le bulle. Va a mil revoluciones, pero intenta serenarse y pensar que hacer, todo en décimas de segundo. El rival es como un toro que viene a embestir y el debe sortearlo con maestría, e intentar acabar la faena dignamente para poder conseguir el ansiado premio del gol, con la ayuda de sus compañeros. En ese momento, todo vuelve a la realidad, el extremo amaga con el cuerpo, hace una media bicicleta con la que desequilibra al lateral y consigue marcharse por velocidad con el balón pegado a la cal y a escasos centímetros la línea de córner. En ese momento, el delantero de su equipo hace un desmarque al defensa rival y consigue adelantarse en la carrera unos centímetros. El extremo levanta la cabeza y lo ve, en ese momento y sin pensarlo, pone un centro desde la línea de fondo con el interior del pie, que se va abriendo para que el portero no llegue y medido a la cabeza de su compañero desmarcado. El delantero impacta con su cabeza al balón con mucha potencia y el esférico entra en la portería como un rayo, sin que los defensas ni el portero rival puedan hacer nada para impedirlo. Fútbol en estado puro, sin duda, pero un fútbol que se está perdiendo a una velocidad de vértigo.
Y es que este deporte cambia a cada segundo, aunque a veces nos sorprenda y lo haga en direcciones en los que no esperábamos. El portero que sale jugando con los pies, los laterales que son “carrileros” ofensivos, el pivote defensivo que organiza el juego, el mediocampista que defiende y ataca (todocampista), los delanteros que se tiran a banda; y últimamente, los “falsos” delanteros y los extremos que juegan a banda cambiada. Son muchas las causas que hacen que este deporte “evolucione”: una mejor formación de los técnicos deportivos, nuevas tecnologías que permiten aprender e implementar cualquier mejora en cualquier lugar del mundo al instante, el fútbol visto como un espectáculo televisivo, la tremenda competitividad existente entre equipos en ligas nacionales y competiciones continentales, la evolución de los clubs como empresas deportivas, la necesidad de ofrecer al espectador algo novedoso cada temporada. Sin olvidar el cambio paulatino hacia un fútbol más físico y rápido, con balones como los actuales, más ligeros, que hacen que los centros sean más imprecisos. A la vez, los referentes en ataque han modificado su juego también y pocos equipos apuestan ya por delanteros corpulentos que sean rematadores natos y solo trabajen en el area. Todo esto hace del fútbol un deporte aún más interesante e imprevisible, ya que estos factores cambiantes lo convierten en un espectáculo más atractivo a los ojos de los/las espectadores/as que lo disfrutan cada semana. Pero, ¿de verdad es así?
Si nos paramos a reflexionar un poco quizá podamos tener otra opinión mejor formada de todo esto. Y como ejemplo ilustrativo, podemos pararnos a pensar por ejemplo en qué ha pasado con los extremospuros de toda la vida. ¿Se han evaporado?
Cuando me siento a escuchar las historias de fútbol que cuenta mi abuelo, siempre me quedo fascinado. En ellas relata como sentía y vivía él este deporte cuando era más joven. Pero no hay una sola historia en la que no aparezca un extremo puro y clásico como los de antes. Me habla del Barça de las “Cinc Copes” y de cómo Estanislau Basora y Eduardo Manchón traían locas a las defensas rivales y ponían finos centros a César y Kubala para que rematasen sus jugadas, mientras los aficionados de “Les Corts” enloquecían. O como el estadio de Chamartín se venía abajo cuando Paco Gento corría la banda izquierda cual centella y asistía al gran Alfredo Di Stefano para que marcase, en aquellas memorables noches de Copa de Europa de las 6 que consiguió “La Galerna del Cantábrico”. También habla de un “melenudo” británico llamado George Best que ponía patas arriba Old Trafford (y otros pubs de la zona) con sus regates y su clase magistral. Pero sobretodo me sorprende que se acuerde de un pequeño extremo brasileño del Botafogo que solo pudo tener la suerte de ver cuatro o cinco veces cada cuatro años, en los Mundiales de Suecia 58 y Chile 62. Siempre me dice que Pelé era de otro mundo pero nunca había visto a nadie regatear y “gambetear” como ese tal Garrincha.
Y si mi padre entra en la conversación, no puede dejar de hablar del gran Amancio Amaro, extremo portentoso de la generación del Real Madrid de los “Ye-yés”, apodado “El Brujo” por sus regates increíbles en banda y su rapidez. Sin salir del equipo blanco, no podemos pasar por alto al mito, Juan Gómez “Juanito”. Extremo rápido y veloz, de una fuerza y coraje sin igual que a día de hoy aún se recuerda en el estadio Santiago Bernabéu cuando el reloj marca el minuto 7 de partido, su mítico dorsal. Aunque si viajamos al n0rte, sin duda hay que hablar del veloz Txtextu Rojo, que dejaba boquiabierta a la afición de Bilbao en “La Catedral” con su descaro para encarar a los defensas y sus medidos centros al area. Y es que la historia de extremos clásicos vascos no acaba aquí, porque no muy lejos de Vizcaya, en Guipúzcoa concretamente, vivía el gran Roberto López Ufarte, un menudo y habilidoso extremo izquierdo que fue santo y seña de aquella mítica Real Sociedad que consiguió dos títulos consecutivos de Liga a principios de los ochenta y que fue ídolo de masas para todos los que acudían cada domingo a Atocha para ver al equipo “txuriurdín”. Gracias al trabajo y a la huella que dejaron estos dos tremendos extremos vascos, surgieron otros dos que siguieron sus pasos a no mucho tardar. El primero fue “Txiki” Beriguistáin, extremo izquierdo que irrumpió con fuerza para sustituir a López Ufarte en la Real Sociedad. Y el segundo fue Jon Andoni Goikoetxea, rápido y versátil extremo derecho navarro que despuntó en C.A. Osasuna y en la Real Sociedad posteriormente. La calidad de estos dos extremos no pasó inadvertida para el mundo y rápidamente el FC Barcelona de Johan Cruyff se hizo con ellos, siendo protagonistas esenciales de los títulos conseguidos por el cuadro catalán a principio de los noventa.
Cabe resaltar, pero, que si hablamos de extremos puros, los dos que jugaban en el Real Madrid de la “Quinta del Buitre” tampoco estaban carentes de calidad. Rafael Gordillo, mítico extremo izquierdo sevillano, de la cantera del Real BetisBalompié fichado por el cuadro blanco a mediados de los ochenta. Pero sobretodo Jose Miguel González “Míchel”, fino estilista canterano del conjunto blanco que junto a jugadores de la talla de Manuel Sanchís, Rafael Martín Vázquez o el mítico Emilio Butragueño, marcaron una época en la historia del club.
Como apreciación, cabría destacar, además de la vistosidad que regalaba este fútbol al espectador/a, como también aumentaba la velocidad del juego, la intensidad del mismo y hasta las pulsaciones de los jugadores y aficiones que disfrutaban de el. Pero no contentos con esto, el fútbol con bandas abiertas deparaba también unos duelos entre extremos y laterales memorables e históricos hoy en día.
Y es en ese preciso instante, en el que yo puedo entrar de verdad en la conversación y me pongo a recordar aquellas “batallas” futbolísticas increíbles entre el portugués Luis Figo y el posiblemente mejor lateral izquierdo de todos los tiempos, el brasileño Roberto Carlos. Cuando jugaban en el FC Barcelona y el Real Madrid respectivamente. O del propio Figo con el magnífico lateral del País Vasco Francés Bixente Lizarazu, cuando el portugués militaba ya en las filas blancas y el francés lo hacía con el temible Bayern de Munich. O los duelos entre el veloz extremo izquierdo holandés del Arsenal FC y FC Barcelona Mark Overmars y el lateral derecho del Manchester United Gary Neville, en los que siempre saltaban chispas. Y no se quedan atrás los duelos entre el maravilloso extremo izquierdo del Valencia CF, Vicente Rodríguez, y el lateral derecho del Real Madrid Michel Salgado, donde siempre había una intensidad brutal.
No obstante, la mayoría de extremos de todo el mundo actuales, han tenido que adaptarse a los nuevos tiempos y modificar su fútbol y su posición en el campo para complacer a sus técnicos y en “beneficio” del equipo. Aunque no está tan claro, que esto haya beneficiado al espectador/a y sobretodo al fútbol en general. Es cierto que se combina mucho más y que los extremos a banda cambiada pueden salir y tener más ocasiones para disparar a puerta desde una mejor posición. Pero no es menos cierto que las defensas también evolucionan y trabajan estas variantes. Por lo que al final tenemos muchas veces, acumulación de jugadores de tres cuartos de campo hacia delante, sobretodo al borde del área grande. El juego se ralentiza, los jugadores deben ser muy combinativos para que las jugadas no se diluyan y las bandas muchas veces quedan desocupadas, o se ocupan ocasionalmente por delanteros o centrocampistas que caen a ellas. Existe la posibilidad también de dejarla libre para la subida de laterales rápidos, que por otra parte, no tienen en la mayoría de casos, la clase ni la técnica de los extremos y jugadores de banda clásicos.
Por lo tanto, cuando hablamos de “evolución” en el fútbol, muchas veces, creo que el término no es correcto. Porque sí que es cierto que se dan cambios en este deporte y que todo avanza muy deprisa, como la vida de cualquier persona actualmente, sobretodo en los países occidentales. Pero no es menos cierto que en muchos aspectos este deporte está involucionando y dando pasitos atrás más que adelante. Habría mucho que escribir sobre todos estos cambios en el fútbol actual, aunque algunos de ellos han sido comentados ya al principio de este artículo. Quizá toda esta información nos daría para elaborar unos cuantos artículos más con total seguridad, pero ciñéndonos al tema que nos ocupa, creo que es justo afirmar que el fútbol actual ha perseguido y eliminado (o al menos ha reconvertido) de los terrenos de juego a la mayoría de extremos puros que había. Jugadores con descaro, técnica, clase y calidad que no tenían miedo a jugársela. No temían coger la responsabilidad de encarar a sus rivales, se echaban el equipo a las espaldas y firmaban jugadas que acaban con centros medidos que se traducían en goles y campeonatos importantes para el equipo en muchas ocasiones. Pero sobretodo, jugadores que hacían levantarse a los aficionados de sus asientos en los estadios y que hacían vibrar y alzarse repentinamente a los más mayores de sus sillones en casa. Malabaristas y finos bordadores, que hilaban e hilvanaban jugadas fantásticas en espacios reducidos frente a contrincantes que solo tenían por objetivo destruir su fútbol. Jugadores que hacían que un servidor disfrutara cada semana con este deporte como un niño pequeño con un juguete nuevo. Por eso para acabar solo me gustaría lanzar una pregunta al aire: ¿Por qué el fútbol no quería seguir disfrutando con los extremos puros?
Taguarintinga es una pequeña ciudad situada a 350 km. al norte de Sao Paulo, allí nació José Gomes Moraes Edmilson. Fue el segundo hijo de una humilde familia que se ganaba la vida trabajando en una plantación de naranjas. Empezó a jugar al fútbol en la calle. A los 11 años compaginaba su ilusión por el deporte con la dura tarea de recoger fruta. Su pasión era el fútbol y dio sus primeros pasos con el balón en un pequeño club llamado XV de Jau, tenía que desplazarse andando hasta el campo de entrenamiento, que se encontraba a dos horas de su domicilio.
Se pasaba casi todo el día solo y sus padres no lo podían ayudar para costear sus gastos. Por si fuera poco, su familia le necesitaba para trabajar en la plantación. Fue uno de los momentos más difíciles de su vida, que le llevó a una conducta desordenada y a la aparición de malas compañías. Todo ello le llevó hasta el alcohol y a vagabundear por las calles hasta altas horas de la madrugada, “los fines de semana salía con mis amigos, bebía mucho, caí en las drogas, muchas mujeres y llevaba una vida difícil.” Uno de sus compañeros de equipo le habló de la palabra de Cristo y le introdujo en los Atletas de Cristo. A partir de este momento, todo fue diferente, las enseñanzas religiosas le enseñaron una disciplina, lo que es la constancia, el sacrificio, el esfuerzo para poder conseguir el propósito de cada uno, le llevaron por la buena vida y Edmilson lo aplicó en su pasión, a lo que realmente quería dedicarse, en lo que como todo joven brasileño sueña: El fútbol. Se puede decir que la religión y el futbol cambiaron la vida de José Gomes Moraes Edmilson.
En 1994 pasó al equipo junior del Sao Paulo fue pieza clave en un conjunto que logró el título de la Conmebol y que se proclamó campeón del Campeonato Paulista sub’20. Poco después se incorporó al equipo profesional del Sao Paulo, compartiendo vestuario con jugadores como Raí, Denilson, Belleti, Rogerio Ceni, Fabio Aurelio, Serginho, Bordon, Aristizabal, Luis Fabiano… Empezó a jugar en el centro del campo y a partir del año 2000 se instaló en el centro de la defensa del Sao Paulo y de la selección brasileña debutando con victoria por 2 a 1 contra Paraguay. A partir de ese momento empezó a triunfar y se convirtió en uno de los jugadores más destacados del fútbol brasileño. Según sus propias explicaciones “fue mi fe en Dios la que me llevó hasta la cumbre. Logrando lo que siempre habían soñado mi padre y mi hermano, ser futbolista profesional”.
Después de triunfar en el Sao Paulo, Edmilson emigró a Europa para jugar con el Olympique de Lyon, Barcelona ,Villarreal y Zaragoza, (en el club maño jugó tras una breve etapa en el Palmeiras de Brasil) ganando en Europa las cinco primeras ligas que disputó. En Francia coincidió con el inicio de una de las épocas más gloriosas del club de Lyon ganando 3 ligas y 3 supercopas francesas consecutivamente, y en el Barcelona fue una pieza muy importante en aquel equipo ganador de dos Ligas y la deseada Champions League con los Ronaldinho, Eto’o, Deco, Xavi, Puyol, Messi, Marquez… siendo titular en esa gran final en el estadio de Saint Denis de París.
Edmilson es uno de los pocos privilegiados del mundo del futbol que han conseguido conquistar la Copa Libertadores, la Champions League y la Copa del Mundo de futbol, siendo pieza clave de esa gran selección de los Ronaldo, Rivaldo, Ronaldinho, Cafu, Roberto Carlos… y titular en todos los partidos en el eje de la defensa. Precisamente en esa edición consiguió uno de los goles del torneo y uno de los mejores de su carrera, con una gran volea ante Costa Rica.
Edmilson era un jugador muy bien dotado técnicamente a pesar de sus 186cms, podía jugar indististintamente de central o mediocentro defensivo, buen marcador, inteligente tácticamente, muy elegante y fiable para salir desde atrás con el balón jugado. Destacaba además por su excelente precisión en los desplazamientos en largo a ambas bandas y utilizaba en ocasiones el recurso de la rabona (como buen brasileño tenia detalles espectaculares), recuerdo especialmente un cambio de juego de 40 metros de rabona contra el Shakhtar Donetsk en el Camp Nou en un partido de Champions League.
En muchas ocasiones Edmilson ha asegurado que “si no hubiera sido por la religión hoy en día estaría preso o muerto” y “ el futbol me arrancó de la pobreza y tanto yo como mi familia podemos vivir felices”.
Además del brasileño, hay muchos futbolistas de esta nacionalidad en activo y otros ya retirados que están dentro del grupo de los Atletas de Cristo destacan nombres tan importantes como Donato, Baltazar, Alemao, Bebeto, Paulo Sergio, Zé Roberto, Jorginho, Taffarel, César Sampaio, Cacau, Adhemar, Bordon. Otros que no tienen la nacionalidad brasileña pero siguen estas creencias de la misma forma son Vidigal (Portugal), Chamot (Argentina), Parks (Costa Rica), West (Nigeria), Kaviedes (Ecuador), Herrlich y Bode (Alemania) y Valeron (España).
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