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Un portero de “leyenda” en tiempos de posguerra

“El fútbol es el opio del pueblo” sería una adaptación libre pero muy veraz de la célebre cita de Karl Marx “La religión es el opio del pueblo”. Esto viene a decir que el fútbol, como la religión según el filósofo alemán, es una distracción, una cortina de humo que no deja ver con claridad lo que pasa realmente a nuestro alrededor y/o que las personas simplemente lo utilizan para evadirse de ella. Además, está articulado por los poderes del Estado, ayudados en parte, de algunos poderes fácticos que también colaboran a su desarrollo.

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Pero qué ocurre cuando el fútbol desaparece? Y sobretodo, qué pasa con las personas que eran la piedra angular de este deporte, qué pasa con los jugadores? Los conflictos bélicos en general y la Guerra Civil Española en particular, se llevaron a muchos de esos deportistas con ellos y seguramente los que quedaron, nunca volvieron a ser los mismos. Y es que una guerra cambia, lamentablemente, a las personas y esta historia habla de una de esas personas, que además fue un gran portero de fútbol: “El Portero”.

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El autor de este relato, Manuel Hidalgo, nos traslada a la época de posguerra, finales de los cuarenta (1948), en una pequeña aldea costera de tierras asturianas. A ella llega una camioneta destartalada, con un peculiar personaje dentro de ella, un portero de fútbol. Pero no era un cancerbero cualquiera, sino el gran Ramiro Forteza, conocido como el “Gigante de Zaragoza” o el “Rey del penalti” por su enorme destreza para detener dichos lanzamientos. El que antes de la guerra fuera un jugador de fútbol enormemente conocido, llegando a militar incluso en el Real Madrid (todo a modo de ficción claro está), se ganaba ahora el pan yendo de pueblo en pueblo y desafiando a sus habitantes a meterle un penalti. Una especie de atracción circense o feriante con una portería móvil y un balón de reglamento de la época, que mimaba y daba lustre recordando tiempos mejores, como material necesario para organizar su “número” en la plaza de los pueblos por los que iba pasando en su camino hacia ninguna parte.

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Manuel Hidalgo recrea muy bien aquellos tiempos difíciles después de una barbarie como la acontecida en España durante la Guerra Civil. Además, el llevar la historia a un pequeño pueblo de Asturias no es casualidad sino que acrecienta más todos los rasgos típicos de la época, tanto en los comportamientos de las personas, como en su manera de ser, de relacionarse entre ellas o de ganarse la vida. Por no hablar de la organización política, religiosa y militar de los pueblos, que se ve plasmada claramente en las figuras del alcalde, el cura y el cabo de la Guardia Civil. Tres modelos clave en el orden del régimen franquista de la época en cualquier pueblo, incluso ciudad de España.

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Además de estos personajes, la historia también pone de manifiesto a un grupo de insurrectos que se esconden en las montañas de la zona y que luchan contra el régimen autoritario ocultos en sus cuevas, esperando su momento: los maquis. Esta guerrilla antifranquista surgida durante la Guerra Civil y con gran incidencia en la época de posguerra sobretodo en el Norte de España, tiene su importancia en la historia. Ya que al final del relato, el capitán de la Guardia Civil organiza un partido de exhibición entre militares y vecinos del pueblo con Ramiro Forteza como portero y juez de la disputa. Se lanzarán penaltis y el que más goles marque será el ganador de la contienda. Al final, con el partido empatado, los maquis aprovechan para bajar al pueblo y sorprender a los militares, incluso chutar uno de los lanzamientos. El resultado acaba en empate y todo un poco como antes de empezar, los maquis huyendo y los militares persiguiéndolos, en una escena con toques de humor y realidad urdida por el autor.

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Este relato, del que posteriormente hicieron una película con el mismo título, escrita por el propio Manuel Hidalgo y protagonizada por Carmelo Gómez, Antonio Resines y Maribel Verdú, es una interesante y magníficamente bien narrada fotografía animada de lo que podía vivirse en la época. Amplía algo más el relato corto original, dando paso a una historia de amor que cobra mayor protagonismo, mayor presencia de la disputa entre maquis y fuerzas del orden y se recrea más en la contienda final y en contextualizar todo un poco más y mejor. Hace sobretodo énfasis en describir con elementos cotidianos la vida de un pueblo del norte de España en años de posguerra. Y como esta rutina se ve alterada en cierta medida por la llegada de un personaje “famoso” que trastoca un poco la vida de sus habitantes. Un portero de fútbol que era una estrella en sus tiempos, ve truncada su carrera por culpa de una guerra que lo arrasa todo y que no solo lo deja mermado física sino también mentalmente. Un pueblo con todos sus lugareños/as subsistiendo del campo, el mar y los animales para poder tirar con lo justo y a veces incluso menos. Tres poderes que regían el destino del pueblo y lo mantenían aletargado y sin sobresaltos (político, religioso y militar) y un grupo de insurrectos (los maquis) lastrados por las bajas y las inclemencias del tiempo en la zona que todavía creían que podían luchar frente a este régimen autoritario y cambiarlo. Una historia de ficción basada seguramente en muchas historias reales de personas (entre ellas deportistas) que vivieron aquella oscura época y que perdieron muchas cosas por el camino, incluso sus propias vidas y las de algunos seres queridos. Una etapa que nunca debió escribirse en la historia de España y que seguramente sirvió para darnos cuenta de hasta donde llega la inconsciencia humana y los instintos más crueles de las personas. Un capítulo que solo trajo penurias y pobreza además de unas secuelas imborrables a los que les tocó vivirlo.

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Una época en la que el fútbol quedó en un segundo plano, pero que después de la guerra volvió a resurgir con más fuerza, para volver a convertirse en el opio del pueblo. Era una necesidad, la gente ansiaba desconectar de todo lo vivido y abstraerse de la dura realidad aunque solo fuera unas horas a la semana. Y el fútbol les dio esa respuesta. Seguramente nadie conoció al gran cancerbero Ramiro Forteza realmente, porque era un personaje de ficción, pero si existieron muchos otros porteros que vivieron aquella época e incluso perdieron la vida luchando en alguno de sus frentes. Como Félix González “Rojo”, portero de la Real Sociedad antes de la guerra que alternaba la portería con su trabajo en la metalurgia y que fue fusilado en 1939 con 26 años en una cárcel de Ondarreta. O como el célebre Aniceto Alonso Rouco, alias “Toralpy”, portero del Sestao y el Athletic Club de Bilbao antes de la guerra y con una intensa vida política, que llegó a ser incluso comandante republicano durante la Guerra Civil y murió en 1937 en Bilbao en medio de la batalla. Y porque no nombrar a una leyenda del fútbol español como Ricardo Zamora “El Divino”, portero y mito del RCD Espanyol, FC Barcelona y del Real Madrid posteriormente. Considerado uno de los mejores porteros de todos los tiempos, tuvo que exiliarse a Argentina y Francia en tiempos de Guerra Civil por miedo a perder la vida. Acabó volviendo una vez finalizada la guerra, ya como entrenador, al Atlético de Madrid y consiguiendo títulos importantes como la Liga Española.

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Félix González “Rojo”

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Aniceto Alonso Rouco “Toralpy”

Ricardo Zamora "El Divino"

Ricardo Zamora “El Divino”

En conclusión, podríamos decir con mucha prudencia y respeto, que después de todo Ramiro Forteza quizá tuvo mucha suerte, al menos más que “Rojo” y “Toralpy” seguramente. Consiguió sobrevivir a una guerra civil en su propio país y tirar adelante con su vida como buenamente pudo. Y yo creo que al final, Manuel Hidalgo es un poco lo que quiso transmitir en su relato en cierta forma. En según que contextos, el fútbol pasa a ser secundario o de una importancia nimia aunque en este caso fuera parte importante de la identidad del protagonista. Finalmente, creo que le queda claro al portero que hay cosas que están por encima del deporte y que seguramente le aportarán un beneficio personal mucho mayor que sus gloriosas tardes bajo los palos. Aunque como pasa mucho con el fútbol en este país y con la propia vida, seguramente de haber sido real, la gente siempre lo hubiera recordado por sus hazañas deportivas y por su mote: el ”Rey del penalti”.

Manel Torrejón Perea (@manelcandeu)

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La crisis estructural del Calcio. Cagliari: el club huérfano

El fútbol italiano esta pasando una de sus peores épocas en todos los ámbitos (futbolístico, económico, institucional, etc.) Pero uno de los más importantes y que más afecta a todo lo que envuelve a este magnifico deporte es sin duda el que hace referencia a los aficionados.

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El Calcio siempre ha sido una de las mejores ligas del mundo, gracias a sus jugadores, sus clubs, sus estadios y sus “tiffosi” que llenaban cada semana de luz, colorido y pasión esos estadios por el amor a su club. Hoy parece que todo esto ha cambiado, ya que un informe de DemosCoop ha desvelado que hay un 13% menos de aficionados al fútbol respecto a 2009 en Italia. Si hace tres temporadas, 1,3 italianos de cada dos se definía como “aficionado al fútbol”, hoy son ya 4 de cada 10. Los que lo siguen en directo son solo el 23,6%. Los horarios son los mismos de siempre: hay dos partidos los sábados (18.00 y 20.45) y los demás el domingo (uno a las 12.30; otro a las 20.45 y el resto a las 15.00 horas). Una encuesta en  La Gazzetta dello Sport desvelaba a principios de octubre que el 51% de los italianos que se declara aficionado al fútbol no ha pisado un estadio en el último año; el 33% lo ha hecho entre una y cinco veces; el 11%, entre seis y 10, y solo el 5% más de 10 veces. Entre los motivos, el 40% indicó el precio de las entradas, el 26% cree que es más cómodo verlo en la tele y el 19% considera los estadios peligrosos.

Una de las voces mas representativas del fútbol italiano ha arremsacchi041222etido duramente contra los estadios italianos y la liga: “Son cárceles a cielo abierto. Sus estructuras son obsoletas y hay violencia verbal entre dirigentes y física entre aficionados. Cada día más parcelas del estadio están en manos de los más violentos.” Paolo Condò, histórico periodista de La Gazzetta, lo corrobora: “Tengo dos hijos pequeños, los he llevado al estadio en Francia y en España, pero en Italia no, por el clima de guerra. A los clubes no les interesa llenar los campos de familias”. Gianni Mura uno de los históricos del periodismo egabriel_batistuta_1n Italia y del periódico “La Repubblica” va mas allá y carga también con las gestiones de las televisiones y precios de las entradas, algo que ya esta empezando a pasar en España: “Ir al estadio se ha convertido en algo complicado porque solo puedes comprar la entrada yendo al banco… y todo eso frena a la gente normal. Además de que, claro, el espectáculo que vas a ver tampoco es especialmente bonito. Pero muchas veces no lo ha sido y aun así la gente iba a los estadios. Ahora sale más rentable verlo en casa de amigos, divides el precio y adelante” Por no hablar claro ePaoloMaldinistá, de la fuga de estrellas y la falta de referentes como antiguamente encabezaban los Baggio, Shevchenko, Batistuta, Ronaldo, Maldini, Platini, Zidane, etc. “Los mejores jugadores están en otros países, pero nadie en Italia se ha planteado sustituirles para favorecer un juego más armonioso o atractivo”, apunta Sacchi. También está el tema de los radicales en los estadios, que parece no tener remedio: “Parece que la solución a la crisis de espectadores pasa por tener estadios nuevos y en propiedad. Pero el problema es el contenido, no el envoltorio. Puedes tener un estadio tan bonito y tan moderno como el del Ajax, pero si sigue llenándose de gilipollas no cambia nada”, concluye Mura.

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El caso del Cagliari es especial, ya que es un club huérfano. Esta bonita ciudad es la capital de la Isla de Cerdeña; se encuentra situada al sur de la misma y posee más de medio millón de habitantes en toda su área metropolitana.

Construida sobre siete colinas y fundada por los fenicios en el siglo VII a.c. la ciudad combina modernidad con un extenso legado histórico. Su playa, de más de 13 kilómetros de longitud es, sin duda, uno de sus mayores atractivos que combinado con su excepcional clima convierten a Cagliari en un destino único para disfrutar de unas vacaciones placenteras.

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Deportivamente hablando es conocida por el equipo de ‘calcio’ de la ciudad, el Cagliari, que desde hace nueve años ha visto fútbol de Serie A ininterrumpidamente.

El mejor año de la historia del club culminó con el traslado al nuevo y majestuoso campo de Sant’Elia en la temporada 70-71. El estadio se concibió como un multiusos en el que se podían disputar competiciones atléticas, además de otros deportes de equipo como el fútbol y podía llegar a albergar más 70.000 espectadores.

Las instalaciones fueron modernizadas veinte años después de su inauguración con motivo del Mundial de fútbol de 1990 que se jugó en Italia. Este recinto, que se redujo a un aforo 40.000 localidades, acogió los tres partidos que la selección de Inglaterra disputó en la primera fase de la competición ante Irlanda, Holanda y Egipto.

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Primeros problemas en el estadio:

Pero los años han pasado factura a Sant’Elia, que ha tenido que someterse a un profundo cambio de imagen debido a la inseguridad de sus gradas principales. Por ello, en 2002, ante la negativa de la ‘Lega’ de darle el visto bueno para la disputa de partidos de fútbol, se añadieron tres gradas supletorias sobre la pista de atletismo para liberar las viejas y maltrechas tribunas del peso de los aficionados.

Aun así, diez años más tarde, los problemas persistieron y el estadio fue definitivamente cerrado por “poner en peligro la seguridad pública”. Esta decisión obligó al Cagliari a emigrar incluso fuera de su isla, jugando varios partidos de la pasada temporada en el estadio Nereo Rocco de Trieste, a más de mil kilómetros de distancia de la propia ciudad. Esa decision de jugar tan lejos de su tierra propició que en sus partidos de casa la asistencia al estadio fuera escasísima y la imagen pareciera la de un campo totalmente desierto, como si sus partidos se jugasen a puerta cerrada.En las siguientes imagenes veremos el estadio vacio, los unicos aficionados son los visitantes del Napoli que fueron a Trieste a animar a su equipo.

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* Como pueden observar en esta fotografía, solo está lleno un fondo del estadio por aficionados visitantes, en este caso los fieles seguidores del Napoli, que viajaron a Trieste a apoyar a su equipo.

Para el comienzo del presente curso, la directiva del Cagliari se apresuró a encontrar un recinto que acogiera sus partidos en la propia capital o lo más cerca posible de la misma. La apresurada solución fue el estadio Is Arenas del vecino municipio de Quartu Sant’Elena. Desprovisto en un primer momento de gradas para los aficionados, estas, fueron añadidas durante este verano hasta conseguir un aforo superior a los 12.000 espectadores.

La rápida y precipitada construcción de las tribunas supletorias ha creado un caos circulatorio brutal en los alrededores del estadio, por lo que las autoridades de la ciudad han prohibido la circulación a cualquier vehículo, incluidos los de los propios residentes en la zona.

Además, la organización medioambiental WWF de Cerdeña advirtió al alcalde de Quartu que la nueva masificación de esa parte de la ciudad ponía en peligro la fauna selvática del cercano Parque Natural de Molentargius. Y por si fuera poco, la policía señaló el riesgo que suponía la aglomeración de personas en una parte de la ciudad no apta para ello. Fue sobretodo por este último motivo, por lo que la Comisión Provincial de Vigilancia decidió que el partido de la jornada 4 entre el Cagliari y la Roma se disputara el siguiente domingo a puerta cerrada.

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La Roma ganó los tres puntos del partido frente al Cagliari, sin la necesidad de jugar. Así lo resolvió el juez deportivo del Calcio, Gianpaolo Tosel, después de que el encuentro fuese suspendido ese domingo en casa del equipo sardo por cuestiones de seguridad.

El partido, que debía jugarse en el nuevo estadio Is Arenas, se iba a disputar en principio sin la presencia de público, a puerta cerrada, debido a que el escenario no había superado todas las pruebas de seguridad correspondientes.
Sin embargo, finalmente el partido fue suspendido después de que el presidente del Cagliari, Massimo Cellino, invitara a los aficionados a concurrir al estadio pese a la negativa por parte de las autoridades a que puedan hacerlo.

Así mismo, el Cagliari se quejó a través de un comunicado por la actitud de la Roma, acusando al director giallorosso, Franco Baldini, de ser un “buitre” por tratar de que el equipo capitalino gane los puntos sin la necesidad de jugar.

En conclusión, creo que se puede afirmar sin miedo a equívoco, que el fútbol italiano está en un claro periodo de retroceso deportivo, económico, instiucional y sobretodo social. Y seguramente a años luz de una de sus épocas más gloriosas, como fue la de finales de los ochenta y mediados de los noventa, en la cual fue estandarte europeo y espejo donde mirarse durante mucho tiempo.

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El Cagliari no es más que un claro ejemplo de toda esta teoría anteriormente citada, solo que llevada a su extremo más desolador. Mala planificación deportiva, poco apoyo político e institucional, desencanto y apatía por parte de sus aficionados y un enorme deterioro estructural de su estadio han hecho que finalmente esta squadra casi centenaria ya, se vea sumida en esta crisis tan grande y ruinosa.

La única solución, quizá, posible para solucionar este inexorable retroceso del calcio sería una re-estructuración del mismo contando con todos los estamentos y entes que gobiernan y disponen este “circo” en el cual se ha convertido el deporte del fútbol desde hace un tiempo, sobretodo en este país. Si hubiera una convicción clara de querer solucionar este problema por parte de todos y si cada una de las partes renunciara a alguno de los privilegios actuales (sobretodo económicos) que les aporta este deporte, es posible que el fútbol en Italia tuviera todavía salvación. Y en consecuencia, es probable que ejemplos tan catastróficos como los del Cagliari, dejaran de producirse con total seguridad. Pero, ¿de verdad creen que el actual Calcio tiene alguna solución a corto plazo?

Alberto Riquelme Pérez (@AlbertoRiquelme)

Dejan Stankovic: el futbolista plurinacional

Cuando Ljupko Petrović, el mítico entrenador que llevó al Estrella Roja a la consecución dela Copa de Europa de clubs en 1991, se volvió a hacer cargo de la escuadra rojiblanca en 1994, el equipo venía de una racha de resultados muy negativa y de dos años en los que había finalizado segundo por detrás de su eterno rival, el Partizan de Belgrado.

En este equipo quedaban ya pocas estrellas de la proeza de Bari del 91, pero despuntaban algunos valores emergentes o futbolistas en potencia que querían hacerse un hueco en el primer equipo. Y uno de ellos irrumpiría con más fuerza que nadie, su nombre: Dejan Stankovic.

En una época convulsa en la zona de los Balcanes, con disputas bélicas internas entre naciones pertenecientes hasta entonces a Yugoslavia, el fútbol era una de las vías de escape del pueblo y a la vez un escenario para descargar las frustraciones, sentimientos e iras de personas que vivían una época terrible. Y en medio de toda esta vorágine, los dos principales equipos de Belgrado, Estrella Roja y Partizan trasladaron estas disputas al terreno de juego, por los títulos nacionales. La suerte había sido favorable a los blanquinegros en las últimas dos temporadas, pero ese año las cosas iban a cambiar. A mitad de temporada el entrenador Petrović iba a echar mano de la cantera rojiblanca, ya que había un centrocampista que estaba marcando las diferencias con tan solo 16 años y había ido subiendo como la espuma en las  diferentes categorías del Estrella Roja, hasta acabar jugando en el filial y consiguiendo grandes números. Alto, rápido, con una depurada técnica y un disparo endiablado el joven Dejan Stankovic fue convocado con el primer equipo a su corta edad y pasó a convertirse en el jugador más joven en debutar con el Estrella Roja. Y es que llevaba el fútbol en sus venas, ya que su padre había sido un importante centrocampista  del OFK Belgrado,  y hasta su madre había formado parte de la delantera de un potente equipo de la primera división femenina  de Yugoslavia, el Sloga Zemun.

De esta forma la carrera del joven Dejan no podía ir mal de ninguna forma, y así fue. A su corta edad se convirtió en campeón de liga y copa aquella misma temporada con el cuadro rojiblanco y fue llamado a las categorías inferiores de la selección Yugoslava, con la que más tarde conseguiría un sorprendente récord. Es interesante destacar una anécdota que sucedió en esa misma temporada, cuando se enfrentó al equipo de su padre de toda la vida el OFK de Belgrado, del cual Stankovic era también seguidor, pero enfundando la camiseta ahora del Estrella Roja y a los que además derrotó con comodidad en el campo, ironías de este deporte.

Su crecimiento continuó la temporada siguiente, debutando en Champions League, entrando una vez iniciado el partido frente al equipo alemán del Kaiserslautern, anotando además dos tantos, ante el asombro de toda Europa. Y siguió creciendo y creciendo cada vez más, tanto es así, que en un par de temporadas más, con tan solo 20 años y habiendo jugado ya el Mundial de Francia 98, la Lazio de Sven Goran Eriksson llamó a sus puertas y ni el Estrella Roja ni el joven Dejan pudieron decir que no a aquella suculenta oferta.

En aquella escuadra de ensueño con los Nesta, Almeyda, Nedved, Vieri, Salas o su compatriota fichado ese mismo año Sinisa Mihajlović, Stankovic consigue hacerse con un puesto en el 11 del equipo romano y jugar más de 40 partidos anotando 9 goles. El salto ya estaba dado, pero no se iba a quedar ahí, ya que en 1999 gana la última Recopa de Europa que se disputaría nunca en una memorable final frente al RCD Mallorca por 2-1 y es pieza clave en aquel título. No siendo esto suficiente, en el 2000 y ya asentado en aquel mágico conjunto laziale consigue nada más y nada menos que el doblete en el Calcio italiano, ganando liga y copa ese mismo año. No tendría tanta suerte en la Eurocopa del 2000 con Yugoslavia, al caer eliminado frente a España con aquel gol en el descuento de Alfonso Pérez Muñoz en un partido loco que pasará a la historia del fútbol, sin duda alguna.

No obstante, su equipo sigue cosechando éxitos, consiguiendo dos Supercopas y otra Copa de Italia más mientras la economía del club con el presidente Cragnotti a la cabeza iba haciendo que la escuadra laziale se hundiera cada vez más y cayera en bancarrota, obligando a todas sus estrellas a buscar nuevos destinos. De esta forma Dejan Stankovic deja el equipo de Roma en 2004, recibe una interesante oferta del Inter de Milán y acaba firmando por el equipo de la Lombardía. Un año antes, en su país, la reestructuración de los territorios que formaban la antigua Yugoslavia era un hecho y poco a poco se habían ido formando distintas naciones-estado que funcionaban ya como territorios independientes, no solo en el aspecto político, económica y social; sino también en lo deportivo. Por lo tanto, la idea de Yugoslavia no tenía sentido ya y el territorio pasó a llamarse Serbia y Montenegro, compuesto por dos naciones bien diferenciadas, con vínculos comunes pero bastante distintas en casi todos los aspectos. Aun así, compitieron juntas en lo deportivo hasta 2006, cuando las dos se independizaron.

Los deportistas y en este caso los futbolistas como Stankovic, no podían estar al margen de todos estos cambios políticos, económicos y sociales que se estaban produciendo en sus países de origen y sin querer muchas veces debían tomar partido en las decisiones que se dirimían allí. En algunos casos, estas confrontaciones ocasionaron pequeñas tensiones y conflictos entre compañeros de una misma selección por motivos políticos, religiosos o culturales, como el que mantuvieron Darko Kovacevic y Savo Milosevic, ambos goleadores con Yugoslavia (el primero del Estrella Roja y el segundo del Partizan) durante un tiempo por desavenencias y distintas maneras de ver estos cambios que se estaban produciendo en su territorio.

En lo deportivo, Stankovic seguía cosechando títulos, ahora con el equipo interista, ganando otra Copa de Italia y dos Scudettos más hasta 2006 (uno de ellos por el escándalo del “Moggigate”, la eliminación de la Juventud de Turín de la Serie A y su descenso fulminante a la Serie B), además de dos Supercopas de Italia. Y ese mismo año volvería a clasificar a su selección (Serbia y Montenegro en este caso) para la fase final de un Mundial, el de Alemania 2006, quedando encuadrada en el grupo de la muerte con Argentina, Holanda y Costa de Marfil consiguiendo no puntuar en ninguno de los partidos y dejando el casillero a 0.

Aun así, con su equipo la cosa no podía ir mejor, ya que el Inter se hizo con los siguientes cuatro Scudettos hasta 2010, una Copa y dos Supercopas de Italia más. Además, Stankovic nunca dejó de ser un hombre importante en las alineaciones del equipo neroazzurri consolidándose así en el equipo y siendo pieza clave tanto en el Inter como en su selección. Consecuencia de ello llegó el mayor logro como jugador en un club de fútbol, la consecución de la Champions League ese mismo año 2010, ganando en la final al Bayern de Munich en Madrid en el aquel Inter de Mourinho que pasaría a la historia por conseguir el triplete aquella misma temporada, disputando Stankovic todas las finales.

Ese mismo año 2010 Dejan Stankovic consiguió también un sorprendente récord con su selección (Serbia en este caso) en el Mundial de Sudáfrica. Y es el de conseguir ser el único jugador que ha disputado tres Copas del Mundo de Fútbol con tres selecciones distintas, no cambiando además nunca de territorio de origen. Ese extraño e inverosímil récord se da, porque los futbolistas como Dejan al igual que cualquier persona en este Mundo, están en constante cambio.

El Mundo en el que vivimos gira tan rápido como un balón en un campo de fútbol y cualquier persona está expuesta a estos cambios que se dan continuamente y que nos hacen replantearnos muchas cosas, pero que también nos ayudan a crecer como personas y a ampliar nuestros horizontes. Dejan Stankovic es un ejemplo claro de estas constantes idas y venidas que se dan en la vida de cualquier ser humano, ya que él como jugador de fútbol profesional, también tuvo que pasar por etapas duras en su vida, como la vivencia de una guerra entre territorios cercanos, con amigos y familiares que perdieron su vida. Y no siendo esto suficiente, más tarde tuvieron que volver a reconstruir un país, no solo levantando muros y paredes de hormigón, sino también construyendo nuevas conciencias individuales y colectivas y cambiando antiguos pensamientos ya obsoletos en los nuevos tiempos que corren. Por tanto, del jugador que jugó con Yugoslavia en 1998, con Serbia y Montenegro en 2006 y finalmente con Serbia en 2010 no nos puede quedar solo la idea de lo que vimos en un terreno de juego. Sino toda una historia detrás de superación y regeneración personal de un joven que nació para ser futbolista pero que ayudó también a que el territorio en el que nació, creció y se crió, se llamara como se llamara, pudiera continuar adelante y fuera un lugar tranquilo, sin odios ni disputas, más allá de las que pudieran darse en un terreno de juego durante 90 minutos. Cuando Dejan Stankovic se retire, será recordado sin lugar dudas por ser un grandísimo futbolista que aportó mucho a todos los equipos en los que estuvo, pero también por ser una de las personas que abanderó la transformación pacífica y normalizadora de su país desde su selección de fútbol, alzando muchas banderas al aire, pero una por encima de todas, la del respeto y el sentido común.

Manel Torrejón Perea (@manelcandeu)

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El fútbol como símbolo de identidad soviética

Después de una serie de litigios internos en el interior del PCUSS (Partido Comunista de la Unión Soviética), destinados a ocupar la plaza dejada por la muerte de Lenin, las disputas entre Stalin y Trotsky eran evidentes y notables. Finalmente salió vencedor el georgiano Josif Stalin y sus adeptos, estableciendo así su poder hasta la muerte del mismo en 1953. A principios de los años 30, la Unión Soviética empezaba a funcionar económica y socialmente, gracias a los procesos de industrialización y mejoras promovidos por el régimen estalinista, dejando atrás las constantes “crisis de las tijeras”, producidas por los desequilibrios entre el sector agrícola y el industrial, promulgados anteriormente por Lenin y su política de la NEP (Nueva Política Económica).

La sociedad soviética vivía con una cierta tranquilidad, teniendo en cuenta el dogmatismo imperante des del seno del Comité Central, después de años convulsos de enfrentamientos tanto a nivel internacional como interno, con la Revolución Rusa (1917) y la unión de estados soviéticos que dieron lugar, progresivamente a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en 1922. Pero todo esto tenía un precio, y es que además de las largas jornadas de trabajo que debían llevar a cabo los trabajadores de estos países para que todo pudiera desarrollarse con normalidad, existía también una encubierta pero latente represión política por parte del Estado encarnada en “La Checa” (cuerpo policial represivo), que hacía inviable la pertenencia, adhesión, expresión o manifestación de cualquier idea, símbolo, creencia o pensamiento que atentara contra los principios e ideales de la URSS.

Para ello el Estado, había tejido una serie de mecanismos de control que hacían complicado el poder pensar distinto a los dogmas marcados por el régimen estalinista, aunque en un país tan grande y con tanta población, se hacía difícil el poder llegar a todas las personas del extenso territorio soviético. Por ello al gobierno de Stalin se le ocurrió que no había mejor escaparate de promoción del país al mundo que el deporte y empezó a potenciarlo en todos los países soviéticos. Pretendían consolidar su poder y su fuerza como nación con grandes deportistas que llevaran a la URSS al máximo nivel mundial en todos los deportes, y el fútbol no iba a ser una excepción. En este caso, sería muy fácil trasladar las teorías “estajanovistas” del campo laboral al deportivo.

Y es ahí, donde surgió la idea de crear una liga de fútbol que aglutinara a todos los países de esta Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas bajo una misma bandera, la roja con la hoz, la estrella y el martillo. Tenían la intención, de difundir el mensaje al mundo de unión y cohesión entre repúblicas socialistas y sobretodo internamente, a través de esta competición que se convertiría en emblema del deporte soviético hasta el fin de sus días como nación.

De esta forma surgió en 1936 la “Vysshaja League o Primera División de la URSS, competición máxima de fútbol de clubes de los países integrantes de este bloque socialista. Aunque no surgió sola, ya que al haber muchos equipos de fútbol en los distintos países que integraban este bloque, también crearon una segunda división de clubs, que empezó llamándose “Grupo 2” o “Clase B” pero que en 1971 se rebautizó como Primera Liga Soviética.

Así pues, el fútbol volvía a relacionarse con la política para fines partidistas, aunque esta no fue ni la primera ni sería la última vez en hacerlo, si se convirtió en un claro ejemplo de arma de poder arrojadiza.

Aun así, los jugadores de los equipos que integraban esta competición, veían esa oportunidad como un acicate más para realizar el deporte que más los apasionaba y además poder ser reconocidos no solo en sus países de origen sino también internacionalmente. Así pues, jugadores como G. Fedotov, mítico estilete ruso del CSKA de los 40’s que tuvo el honor de ser el primero en anotar 100 goles en su carrera; B. Paichadze, estrella georgiana del aquel Dynamo de Tbilisi que encandiló a la URSS en esta misma década; N. Symonian, goleador estrella del Spartak de Moscow de los 50’s y oro olímpico en Melbourne 1956; E. Streltsov, apodado el “Pelé ruso” y considerado el segundo mejor jugador de la historia del fútbol soviético, fue el jugador más joven en debutar en el equipo de su vida el Torpedo de Moscow (13 años) y fue el artífice del gol que le dio el Oro a la URSS en dichos JJOO frente a Yugoslavia (1956). Coincidiendo en tiempo y equipo nacional con “su majestad” el rey de la portería en Europa y el Mundo, Lev Yashin, del que todo se ha escrito y toda alabanza es poca. Lider del Dynamo de Moscow de los 50’s-60’s, Balón de Oro en 1963 y mejor jugador soviético de siempre. No por ello hay que olvidar tampoco a O. Blokhin, Balón de Oro en 1975, máximo goleador de la historia del fútbol soviético y pieza clave del ilustre Dynamo de Kyev de los 70’s-80’s. Que incluso al final de su carrera coincidiría en el equipo con otro insigne ucraniano y Balón de Oro como I. Belanov, el “cohete de Odesa” ganador en 1986 de tan prestigioso galardón, gracias a los títulos cosechados en este club de Kyev. Estas fueron solo algunas de las muchas estrellas que despuntaron en esta liga y que merecerían y seguramente tendrán un capítulo especial para ellos, ya que por mucho que pueda pensar la gente esta era una competición ni mucho menos exenta de calidad, sino más bien todo lo contrario.

El gobierno de Stalin pues, lo tenía todo pensado y es que al no haber más identidad personal que la pertenencia a la clase trabajadora, no les permitían ningún otro ingrediente identitario, por lo tanto el trabajador era siempre trabajador estuviera en Rusia, Ucrania, Moldavia o Georgia. Es por eso que lo que hicieron fue que todos los equipos participantes en la liga de fútbol soviética, representasen dentro del Sindicato de la URSS a un sector determinado de trabajadores, dependiendo del trabajo que realizasen. De esta forma se creó un mapa futbolístico en el que cualquier persona era representada por un equipo de fútbol, que además estaba marcado por el trabajo realizado y por lo tanto no podían cambiarlo. En consecuencia, equipos de Rusia como el Lokomotiv de Moscow, representaba a los trabajadores del ferrocarril, así como el Torpedo de Moscow lo hacía con el sector automovilístico, el CSKA de Moscow era el equipo del ejército ruso o el Dynamo de Moscow hacía lo propio con los integrantes del Ministerio del Interior Soviético. Como curiosidad, explicar que la palabra “Dynamo” procedente del griego, significa “poder en movimiento” y fue utilizada por muchos clubes del bloque soviético en los nombres de sus equipos para ensalzar la afición, fuerza y unión de todos por un mismo objetivo, la victoria. Muchos de estos clubes aun perduran hoy en día, además del mencionado equipo ruso, también estaban el Dynamo de Kiev (Ucrania), Dynamo de Zagreb (Croacia), Dynamo de Tbilisi (Georgia), Dynamo de Minsk (Bielorrusia), Dynamo de Tirana (Albania), Dynamo de Bucarest (Rumania) o Dynamo de Dresden (Alemania Democrática), aunque algunos de estos clubs no participaban en la liga de fútbol soviética, su intención con el nombre era la misma y procedían de países integrantes en el bloque oriental.

De esta forma todos estaban representados y todos se sentían parte de una misma identidad, la obrera, pero con el aliciente de estas pequeñas categorías futbolísticas para poderse diferenciar y alentar así una competición sana entre los propios trabajadores soviéticos, orquestada desde el gobierno de entonces. Si bien es cierto, que como ya hemos comentado anteriormente, es imposible poder llegar a todo el mundo, más si cabe en una nación tan grande y extensa como la URSS, los ideales y maneras de pensar de los habitantes de cada país soviético, así como la mala utilización de esta competición deportiva por parte del gobierno de entonces, hicieron imposible poder impedir que los campos de fútbol de toda la nación se utilizaran como grandes escenarios populares para reivindicar miles de mejoras sociales, políticas y económicas por parte de los aficionados que acudían a estos eventos, o simplemente gritar y expresar allí dentro lo que no podían decir o exponer en la calle. Como ejemplo de casos sonados de utilización partidista tenemos el del propio Eduard Streltsov mítico jugador del Torpedo de Moscow, encarcelado y enviado a un campo de trabajo por negarse a fichar por el CSKA de Moscow, equipo del ejército soviético. O la negativa de dejar salir al eterno portero Lev Yashin, “la araña negra” de su equipo de toda la vida (Dynamo de Moscow) y “aconsejarlo” a realizar toda su carrera en ese mismo club, aun teniendo mejores ofertas de muchos de los equipos más poderosos del mundo, tanto de la URSS como de toda Europa.

Fue imposible por lo tanto, acallar las voces del Olímpico de Kiev que pedían una independencia clara para Ucrania en todos los partidos que disputaban allí, sobretodo contra equipos rusos, donde además no dejaban de entonar durante todo el partido cánticos nacionalistas ucranianos. Viajar a Tiflis, Georgia, en el mítico “Estadio Dynamo” y escuchar a sus más de 50000 almas cantar el himno del equipo con fuertes componentes nacionales y políticos en él; o asistir a un partido del Spartak de Yerevan en Armenia y contemplar como los aficionados rezaban y oraban durante todo el partido, ya que sus fuertes raíces cristianas ortodoxas, hacían imposible desprenderse de ellas en ningún caso, menos aun en el ámbito deportivo.

De esta forma el gobierno no consiguió, como en tantas otras cosas, su objetivo de cohesionar a todos bajo una misma bandera y unas mismas creencias, debido sobretodo a que los países eran muchos y sus gentes aun más diversas. Y el fútbol, no hizo más que poner de manifiesto todo esto, multiplicando sus efectos por mil, ya que lo que se creó para unir a todos y adoctrinarlos hacia un mismo camino, se convirtió finalmente en todo lo contrario. Por mucha censura de los medios de comunicación que se hiciese y por mucha represión ejercida, nunca se le pudieron poner diques al mar, ni tapar las bocas y corazones de aquellas gentes con ideas, creencias y pasiones como el deporte (en especial el fútbol) tan diversas y enriquecedoras al final, que no quisieron o no supieron ver todos aquellos que utilizaron este bello deporte como arma de unión política entre ellos y de fuerza hacia todos los que no eran como ellos.

Luis Sánchez López (@luchosalo21)

Manel Torrejón Perea (@manelcandeu)

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La Estrella que iluminó Europa

Relacionando el tema de los Balcanes con el deporte, y antes de hablar de la mítica Estrella Roja campeona de Europa, no puedo dejar de pensar en el documental Once Brothers (Hermanos y enemigos, traducido al castellano). En el mismo, nos dan a conocer la historia personal entre dos mitos del baloncesto, Vlade Divac y Drazen Petrovic (serbio y croata respectivamente), una historia que refleja el conflicto desarrollado en la zona balcánica a partir de 1991. Un desprecio por parte de Divac hacia la bandera croata de su “hermano” Petrovic, después de salir campeones del mundo en Argentina contra la URSS, provocó el fin de una amistad y ejemplifica la tensión que se estaba viviendo en la zona, que acabaría con el inicio del conflicto bélico.

La creación de un reino multiétnico fue el inicio de las tensiones que acabaron de explotar a finales del siglo XX. Dentro de este Estado, habitaban eslovenos, serbios, croatas, bosnios, montenegrinos y macedonios. Cabe destacar que cada pueblo citado había tenido su propia historia, incluso profesaban religiones distintas y hablaban lenguas diferentes. Todo este popurrí de pueblos, lenguas, etnias, religiones, etc. hacía presagiar un final como el que tuvo. Tras la II guerra mundial, y el establecimiento del comunismo de Tito, todas estas diferencias no se evidenciaban tanto a causa del establecimiento de un Estado potente dominado por serbios.

Ante tal panorama nos plantamos en la década de los 90. El deporte bajo la órbita socialista había estado en la primera línea mundial, gracias en parte al ideal estajanovista, imperante en el seno de la URSS, trasladado al mundo del deporte, con la idea de mayor productividad en todos los ámbitos de la sociedad, no solo en el trabajo. En el campo futbolístico, los yugoslavos no habían conseguido grandes logros en Europa, solamente destacar dos segundos puestos en la Eurocopa de 1960 y la del 1968, y con respecto a los clubes, disputó la final de la Copa de Europa al Real Madrid en 1966, por lo tanto, el palmarés yugoslavo en Europa era nulo. Hasta 1991.

Surge en este contexto un gran equipo en la Europa balcánica, el Estrella Roja de Belgrado, símbolo del poder preponderante serbio dentro del Estado multiétnico yugoslavo, e históricamente  el equipo más laureado de los Balcanes (25 ligas y 23 copas). La mítica estrella del club, Dragan Dzajic, se hizo con las riendas del mismo y ocupó el cargo de director técnico en 1978. En ese momento se empieza a gestar el equipo que acabará campeón de Europa y de la Intercontinental en 1991. Consigue armar un equipo de ensueño a través de una serie de fichajes como el de Darko Pancev, procedente del FK Vardar, Dejan Savicevic del FK Budućnost Podgorica o Miodrag Belodedici, procedente del campeón de Europa rumano, el Steaua de Bucarest. Estos tres futbolistas fueron fichados en la temporada 1988-1989, viniendo a complementar a los Stevan Stojanovic, Slobodan Marovic, Vlada Stosic y Vladimir Jugovic, sin olvidar al mítico Robert Prosinecki (nacido en la RFA). Para completar, si cabe aun más la plantilla, la misma temporada de la consecución del campeonato europeo llegó la guinda del pastel, Sinisa Mihajlovic y el entrenador Ljupko Petrovic, ambos procedentes del FK Voivodina, campeón yugoslavo. El equipo logró ganar la Copa de Europa de la temporada 1990-1991 sin perder un solo partido, dejando en la cuneta a poderosos equipos como el Glasgow Rangers, el Dynamo de Dresden o el Bayern Munchen en semifinales.

En la final se encontraron con el Olimpique de Maseille, donde jugaba el balón de oro Jean Pierre Papin, un equipo que dos temporadas más tarde se proclamaría campeón de Europa. La final se desarrolló envuelto en un clima hostil y prebélico ante la situación que se estaba viviendo en Yugoslavia, que queda claramente reflejado por el mismo Dejan Savicevic y Vlada Stosic en el reportaje realizado para Fiebre Maldini. Las instituciones yugoslavas intentaron aislar al equipo una semana antes del partido, en una zona retirada de Bari, añadiendo una dosis extra de presión por parte de las autoridades, ligado a lo comentado anteriormente, el ideal socialista del trabajo elevado a la máxima potencia. Las palabras de Savicevic reflejan el estado de presión a la que estaban sometidos antes del partido: “… nos habían metido mucha presión, teníamos que ganar a toda costa. Si no ganábamos no podríamos volver a casa. Esas cosas típicas del comunismo, que la vida se acaba con el partido, y si no se gana, prácticamente no podríamos volver a Belgrado”.

Tal fue la presión, que Savicevic reconoce que jugaron el peor partido que ese equipo había disputado hasta el momento, palabras que corrobora su compañero Vlada Stosic.

El Estado se estaba desmoronando, agravado por una crisis económica imperante, hizo caer los antiguos valores socialistas. El gobierno federal va pasando de mano en mano, muy desestabilizado, y a lo largo de 1990 se van sucediendo elecciones libres evidenciando e incrementando las diferencias entre los diferentes pueblos que conforman la Federación yugoslava. Eslovenia y Croacia empiezan a manifestarse favorables a la independencia, todo lo contrario de los serbios, epicentro de la Federación, personificada por Slobodan Milosevic y que aboga por el mantenimiento del orden. Al mismo tiempo, el ejército empieza a fragmentarse y actuar teniendo en cuenta sus opciones ideológicas.

La independencia de Croacia provocó un conflicto nacionalista entre serbios y croatas, acabando en un conflicto general a causa del envío de las fuerzas armadas serbias a la proclamada independiente Croacia, a causa en parte, del alzamiento de la minoría serbia que habitaba el territorio croata, provocando la entrada en el conflicto de la ONU. Ante tal panorama de tensión prebélica, los jugadores del Estrella Roja disputaron la final de la Copa de Europa y la posterior Intercontinental, la cual vencieron a Colo Colo. El equipo estaba formado por jugadores de diferentes orígenes dentro del Estado multiétnico yugoslavo. Parte de la plantilla eran serbios, aunque también convivían montenegrinos como Savicevic, macedonios como Pancev o serbios como Mihajlovic, pero todos ellos dejaron de lado su procedencia y origen, y lucharon para conseguir el sueño de todo futbolista, la consecución del título más importante a nivel de clubes, refrendado posteriormente por la victoria en Japón ante Colo Colo, dejando en la retina de todos los aficionados al fútbol, el recuerdo de un gran equipo, que ante la adversidad supo olvidarse de la política para llegar a lo más alto y hacer felices a mucha gente que vivían un momento delicado. Lograron la victoria para una sociedad en crisis, y en época de crisis, el deporte y las victorias de tu equipo te hacen respirar un poco más ante los problemas que presenta el día a día.

La victoria no fue casualidad, ya que muchos de los integrantes de esa gran escuadra realizaron proliferas carreras en las grandes ligas europeas. La “Estrella Roja” continuó brillando por Europa, fragmentada, eso sí, pero continuaba brillando. Todo el mundo recuerda los lanzamientos de falta de Sinisa Mihajlovic en Sampdoria, Lazio e Inter de Milán, el periplo español de Robert Prosinecki o el infausto recuerdo para los aficionados culés con Dejan Savicevic y la final de Atenas contra el Milán. Son solo tres ejemplos de esa gran plantilla que hizo de la adversidad una virtud para conseguir los mejores resultados en un contexto prebélico. Bari y Tokio estarán marcadas de por vida para los aficionados del Estrella Roja, y para el recuerdo de todo futbolero que admira el valor de esos grandes jugadores. Las heridas de la guerra son difíciles de curar, pero parece que los antiguos odios entre croatas y serbios no están tan vivos, como podemos ver en el caso de Robert Prosinecki, actual entrenador del Estrella Roja de Belgrado, y como sabemos ha sido internacional con Croacia.

Luis Sánchez López (@luchosalo21)

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